viernes, 31 de mayo de 2019

La Calavera del Panteón.


Leyenda del Estado de Aguascalientes

Por: Prof. Alfonso Montañez

Hay gentes en todas partes que siempre han creído en los aparecidos, calaveras y ruidos, y sus conversaciones a cual más de fantásticas y variadas, aunque llenas de sencillez; las oímos con un interés admirable y algunas veces con verdadero miedo.

J. Jesús Infante, cartero y albañil contaba que en una ocasión contrajo un compromiso con don Carlos Espino, de terminar un monumento en recuerdo dedicaba a sus familiares y que debería entregarlo al día acordado.

Pero sucedió que el último del plazo daban las ocho de la noche y no lo termina; siendo así que, al ir por uno de los corredores a traer unas cuñas que faltaban, sintió algo de miedo, escuchando un ruido extraño detrás de él que le seguía haciendo trac, trac, trac; y aseguraba que sintió como si le hubieran echado agua por la espalda y las piernas se le doblaban, que volteó hacia atrás y que fue viendo una calavera que movía tan fuerte las mandíbulas, que al chocar entre sí, se oía el sonido de sus dientes; que oyó muy claro que le dijo: Compadécete de mis penas que me atormentan en el purgatorio; tengo cincuenta años sin descanso; pide a mi abuelo padre de tu abuelo que de los doce mil pesos en plata que están al pie de la alacena que está en la cocina a vara y media de profundidad, te den cien pesos de los cuales darás cincuenta al padre que me diga tres misas; y yo te recompensaré algo más dándote al alivio de tu asunto, si no cumples, no sanas.


Para Jesús su asombro fue tal que las cuñas que llevaba en las manos no supo donde las soltó; al fin pudo correr espantado; pero que aún la calavera que lo alcanza, que lo alcanza y casi le tocaba los tacones y más y más rechinaba los dientes, y dice que como puedo se resolvió a salir dejando sus herramientas y todo, porque el miedo ya no lo dejó terminar su compromiso.

Al día siguiente fue acompañado de un amigo para poder así terminar dicho compromiso cuanto antes, y no volver jamás.

En verdad, Jesús se enfermó a tal grado que los miembros de su cuerpo se le paralizaron y difícilmente se sentaba y siempre tembloroso como si tuviera mucho frío, según él decía.

Su alivio lo consiguió, hasta que hubo cumplido lo que le había indicado aquella espantosa calavera con su tenebrosa voz.

Contando Jesús a sus amigos este caso, ellos le referían que aquello era ya bien conocido de toda la gente y que también Joaquín Sánchez le había pasado el mismo caso pero que éste no había atendido a los ruegos de la calavera y había saltado por las paredes del panteón y que jamás sano de la enfermedad que le causara el susto que sufrió en el panteón.

Y así por el estilo contaban a diario casos de la calavera del panteón, Llegando a ser vulgar la leyenda que todo Aguascalientes creyó las consejas que se referían.

FUENTE: https://www.paratodomexico.com

jueves, 30 de mayo de 2019

La Sombra de las Cadenas.


Las cadenas siempre suelen ser un elemento esencial cuando se habla de historias de terror, y es que su ruido puede llegar a ser capaz de dar un buen susto a todo aquel que los escuche, sus orígenes se remontan a la época de la esclavitud, cuando las personas que eran privadas de su libertad eran encadenadas a objetos pesados o alguna superficie fija para evitar que huyeran. Cuando algún esclavo por suerte alcanzaba a huir era necesario salir huyendo con la cadena arrastrando que por lo general estaba fijamente atada a su cuerpo.

Máximo era un joven Misionero Católico que por motivos de Semana Santa había venido hasta Presa de los Serna para realizar sus labores de Apostolado, cabe mencionar que en aquellos tiempos no existía el Santuario de Guadalupe por lo que los oficios se realizaban en el Templo dedicado a San José, tampoco existía el actual puente Gómez Morín, por lo que el acceso se realizaba por la cortina de la presa, lugar bastante peligroso para pasar en la noche, por lo que la vía de acceso principal era la avenida Miguel Hidalgo.

Era viernes Santo y Máximo había terminado la procesión del silencio, la cual le había dejado bastante nervioso pues escuchar el ruido de las cadenas que se arrastraban durante la procesión daba un aspecto tétrico, terminada la celebración el guardó en una habitación del templo las cosas que se habían utilizado, la cruz, el tambor, los vestuarios y las cadenas.

De regreso a la casa que lo hospedaba a eso de las once de la noche, bajó del templo hacia el arroyo grande el que desemboca justo en la colita de la presa, al acercarse le parecía escuchar ruidos de cadenas que se arrastraban, al escucharlas aceleró el paso pero entre mas se acercaba al arroyo mas parecía escucharse aquel misterioso ruido, trató de controlarse pensando que era su imaginación y que se trataba solo de una broma que le jugaban sus sentidos, no estaba para menos, era Viernes Santo, había luna llena, estaba solo en aquel lugar y el ruido parecía cada vez más cerca, el sonido de las cadenas parecía venir de dentro del arroyo (el cual no tenía agua) al pasar justo por el arroyo decidió mirar y desengañarse de una vez, al mirar hacia la oscuridad del arroyo pudo ver justo frente a un árbol de laurel que se encuentra en el lugar la sombra de un encapuchado, se trata de algún malandrín o un trasnochado que está planeando algo, pensó.

Justo se tranquilizó un poco cuando se escuchó el graznido de un ave en ese momento el molesto ruido de las cadenas cesó, pero de aquella misteriosa sombra salió lo que parecía ser una ave bastante grande que parecía venir directamente hacia Máximo, este muchacho corrió desesperado hasta llegar a la casa, donde contó lo sucedido, desde ese día no volvió a pasar solo por el lugar.


Situación parecida fue la que vivió una joven que durante las vacaciones venía de vista con sus abuelos, la chica venida de la ciudad de Aguascalientes acostumbrada al teléfono celular buscaba cualquier lugar donde pudiera encontrar cobertura (pues no hay señal de telefonía en la mayoría del poblado). Le habían comentado que en el parque de beisbol era el lugar adecuado donde recibías un poco de cobertura.

Cierta noche a eso de las ocho había quedado de hablar por teléfono con su novio, por ciertos motivos ese día nadie la acompañó hasta el parque, llegó al lugar y comenzó la llamada de amor con su pareja, entre platicas y risas el tiempo pasó, pero fue necesario un misterioso sonido para ponerle los nervios de punta, escuchaba lo que parecían ser el ruido de unas cadenas arrastrarse entre la tierra del área de juego.

La joven atemorizada intentaba ver con la poca luz que había en el lugar si se trataba de alguien que quisiera jugarle una pesada broma, en ese memento un enorme ave tipo cuervo de más de un metro de altura y con ojos saltones, se paró en uno de los pinos de las secundaria que se encuentra pegado a al gradería del parque, la chica asustada intentaba espantarlo con cuanto se encontraba tirado, al ver que no se iba, entró en pánico total, fue cuando decidió cortar la llamada para salir corriendo del lugar.

La joven llena de horror comenzó a bajar las escaleras del lugar fue cuando en el área de juego alcanzó a ver una misteriosa sombra que parecía ser la que arrastraba las cadenas, justo cuando estaba por llegar a la salida se apagó la poca luz pública que hay en el lugar, solo una escasa luz de luna y su celular era lo que tenia aquella joven para poder ver, cuando estaba por salir el ave gigante se puso en la entrada impidiéndole el paso, la chica empezó a gritar llena aun de mas terror, fue cuando alguien desde fuera gritó el nombre de la chica, fue así como el ave voló, al salir no vio a nadie dice la joven que no sabe quién gritó su nombre pero eso la ayudo a salir de esa pesadilla, ella asegura que desde ese día no ha regresado al parque de noche.

Sea cual sea la situación estamos seguros que la próxima vez que escuches el ruido de unas cadenas decidirás alejarte con toda rapidez del lugar pues seguro no te quedarás encontrar con la misteriosa sombra de las cadenas.

FUENTE: http://lapresadelosserna.blogspot.com

miércoles, 29 de mayo de 2019

El árbol de los duendes.


Se cuenta que los arboles que atraen por excelencia a los duendes son las higueras, y se dice también que es muy probable que todo aquel que tenga un árbol de higos en su casa, tenga que enfrentarse algún día a estos extraños seres, pero en Presa de los Serna existe un árbol en el que se cuenta se han visto duendes pasear entre sus ramas, lo curioso del caso es que ese árbol no es precisamente un higo sino un Mezquite.

Por la calle Padre Abraham Rodríguez la cual comunica directamente al puente con la plaza y con el Santuario de Guadalupe, justo en frente de la tortillería “Serna” existe un curioso Mezquite en el que algunos de los habitantes de la comunidad aseguran haber visto pequeñas creaturas subiendo y bajando por entre su tronco y sus múltiples ramas.

Cierto día un señora caminaba a eso de las 6:00 de la mañana rumbo a la tortillería con su cubeta repleta de nixtamal, justo cuando estaba por llegar, al pasar junto este mezquite, le pareció escuchar ligeros susurros como de niños, debe ser algún pequeñín, pensó, pero también sabía que era casi imposible que algún pequeño estuviera escondido entre la hierba junto a ese viejo mezquite arriesgando algún piquete de un animal y además ¿a esa hora?

Siguió avanzando cuando sintió que justo atrás de ella había pasado alguien o algo corriendo, pensando que se trataba de alguna otra señora que iba rumbo a la tortillería decidió mirar hacia atrás pero no había nada, aunque ella claramente sintió que alguien pasó, trato de consolarse pensado que fue un gato el que atravesó la calle, decidió seguir avanzando cuando de repente sintió que algo o alguien jalaba su cubeta como tratando de arrebatársela, volvió a girar para mirar quien trataba de jugarle un abroma, al girarse pudo ver una pequeña criatura de unos cuarenta centímetros justo de tras de ella, al sentirse observado el pequeño duendecillo aventó un gran salto hacia el terreno baldío donde se encuentra el Mezquite y entre la maleza del lugar se perdió a la vista de la señora, la cual se había quedado perpleja por lo sucedido.

La señora afirma que era una creatura del tamaño de un niño de tres años de edad, pero que el rostro pareciera de un anciano de ochenta años o más, de sonrisa burlesca e incluso chimuelo, vestido en color café oscuro y con uñas bastante largas.


Cierto día también a eso de las dos de la tarde una pequeña venia de la escuela rumbo a su casa, cuando pasó por el mezquite escucho que alguien le chisteaba, el sonido parecía venir del mezquite, dice la pequeña que al girar para ver si se trataba de alguno de sus compañeros, vio un pequeño grupo de “creaturas pequeñas” que se columpiaban en sus ramas y reían sin parar como si se tratara de una fiesta, al ver el diminuto tamaño de aquellas creaturas, la niña corrió asustada, al llegar a su casa no comentó nada de lo sucedido simplemente no quiso comer y se fue adormir, dice su madre que durante varias noches despertaba diciendo que los duendes no la dejaban dormir con sus susurros y sus risas, incluso llego a decir que le hacían cosquillas y le jalaban la cobija.

Existen otros dos árboles mas en el que se afirma haberles visto también uno de esos árboles es un mezquite también y otro más un laurel. Se dice que hay dos clases de duendes, unos son juguetones y solo hacen pequeñas e inocentes travesuras, otros se dicen que son algo más agresivos al grado de golpear y rasguñar a las personas, hasta la fecha no se ha sabido que los duendes que habitan en este árbol sean agresivos, más bien parecieran inofensivos, pero para las personas que no estamos acostumbrados a este tipo de experiencias resultaría muy poco agradable, que algún día al pasar junto este árbol nos encontráramos con estas misteriosas creaturas, que parecen custodiar ese viejo mezquite denominado el árbol de los duendes.

FUENTE: http://lapresadelosserna.blogspot.com

martes, 28 de mayo de 2019

El Tesoro de los Cristeros.


Cuenta la tradición oral de las viejas generaciones que en Presa de los Serna existe una pequeña red de túneles que comunica por el subsuelo de los antiguos pozos del pueblo, hasta algunas de las viejas casonas y a otros lugares secretos del lugar. Estos túneles, según la leyenda, servían para refugiarse o escapar de los eventuales ataques que se llevaron a cabo durante la Revolución Mexicana y durante el Movimiento Cristero.

Se dice que durante los constantes ataques que sufrían las personas por aquellos tiempos el poco o mucho dinero y pertenecías valiosas que se tuvieran eran escondidos por sus dueños en esos túneles que habían sido cavados por debajo de la tierra, se habla de grandes tesoros también que fueron escondidos en barrancos y cuevas productos de los vastos saqueos y robos que se hicieron a haciendas, iglesias y casonas de aquella época.

En la vieja casona donde estuvo ubicada la casa de los Serna mismos que asesinó el revolucionario José Velasco, existe un viejo pozo en el que muchos aseguran se encuentra una de las entradas principales a los túneles y en los que se guarda un gran tesoro perteneciente a los hermanos Serna, lo que sí es verdad es que aun hoy en la actualidad ese pozo sigue sin ser explorado y aun mas sorprendente es la excesiva profundidad que parece tener.

Al parece estratégicamente los túneles conectan hasta los más viejos pozos del lugar con algunas de las principales casonas, un par de estos pozos desgraciadamente ya han sido tapados. Cuentan que durante la construcción del puente “Gómez Morín” al realizar las excavaciones para los cimientos justo en uno de los extremos de la cortina de la presa de entre una grandes piedras se encontró un viejo pozo con piedras que fungían como escalones, lo cual aparentemente servía para bajar hacia las profundidades, pero dicho pozo parecía haber sido aterrado con piedras, para poder continuar con la construcción del puente fue necesario aterrar el pozo en su totalidad. ¿A donde llevaba ese pozo? ¿Sería alguna de las entradas a los legendarios túneles?


Hay quienes aseguran que además existe un túnel escondido en las entrañas de la barranca en la que desemboca el agua de la vieja presa, justo en el cerrito denominado “la nariz” cuentan que por entre dos enormes piedras que se encuentran en el lugar se accede hasta las profundidades del cerro, el espacio es tan reducido que solo puede caber una persona de complexión delgada y arrastrándose un poco hasta quedar dentro del lugar.

Don Guadalupe era un hombre un tanto anciano que como todos los días bajaba hasta el fondo del barranco con la finalidad de encontrar leña para su hogar y para uno que otro cliente que se lo pidiera, el comentó que mientras cortaba leña de un viejo árbol seco escuchó como justo a sus espaldas parecía oírse el tintineo de cientos de monedas que caían al suelo: “Como si alguien hubiese vaciado una cubeta de estas sobre una roca o una superficie firmé” afirmó.
Sorprendido Don Guadalupe giró hacia su izquierda con la finalidad de ver de qué se trataba o que podía ser ese extraño ruido que era obvio parecerían ser bastantes monedas, al hacerlo se dio cuenta que de entre unas rocas del barranco y de lo que parecía ser una madriguera salía un brillo realmente destellante; “Era como si el sol estuviera dentro” contó el señor a su familia, un tanto consternado termino de hacer su tercio de leña y partió hacia su casa.

Ya en la cena el señor entre platica y platica contó lo sucedido, fue entonces cuando la esposa le contó que ella recordaba que su padre le había contado una vez que durante la guerra de Revolución y el Movimiento Cristero las personas solían esconderse en barrancos a los que era difícil el acceso y que uno de esos lugares que sirvió precisamente como refugio era justamente esa barranca, y que en ella habían sido escondido las pertenencias de los más adinerados de los alrededores. ¿Y si era el tesoro de los cristeros? Preguntó el hijo mayor.

Al siguiente día muy de mañana partieron don “Guadalupe” y su hijo mayor hasta el fondo del barranco con la finalidad de explorar esa “misteriosa luz”, pero la sorpresa fue mayor cuando llegaron al lugar y no parecía haber rastro de ninguna luz brillante y aun más sorprendente no había ningún agujero ni madriguera ni nada, solo el rastro donde el día anterior el señor hizo su leña. Arrepentido de no haber aprovechado la oportunidad de haberse acercado más para ver de qué se trataba el señor regreso a su casa, muchas son las personas que han tenido la oportunidad encontrarse con el tesoro, pero por miedo o a veces indiferencia se alejan del lugar cuando recapacitan o cuentan lo sucedido y regresan no encuentran rastro alguno.

Cuando don Guadalupe contó lo sucedido varias personas comenzaron a bajar esa barranca con curiosidad, morbo y hasta incredulidad pero siempre con la finalidad de encontrar esa puerta misteriosa que parece ser el acceso a un túnel en el que podría seguir oculto y causando curiosidad entre los pobladores, el tesoro de los cristeros.

FUENTE: http://lapresadelosserna.blogspot.com

lunes, 27 de mayo de 2019

El Mezquite de los Novios (CALVILLO, AGS.)


Cuentan que hace más de un siglo cuando la Presa de los Serna pertenecía a la Parroquia de Calvillo, las parejas que querían contraer matrimonio, tenían que salir a eso de las cuatro de la mañana o antes rumbo a la parroquia ya que la celebración del rito se llevaba a cabo a las seis de la mañana, cabe mencionar que no existía la actual carretera que comunica la Rinconada con la Presa de los Serna, más bien tenían que irse por el antiguo camino real (por el que pasó Miguel Hidalgo) el cual se ubica en la salida al Terrero del Refugio, atravesar el predio llamado “El sapo” para encontrarse de frente con el “cerro blanco”, por aquellos tiempos el transporte era inexistente por lo que los más acomodados se iban en burro los de escasos recursos a pie, e incluso los más pobres tenían que hacer su itinerario descalzos para así una vez que llegasen a la parroquia pudiesen usar sus zapatos de boda que llevaban en algún viejo morral.
De regreso las personas les esperaban en la casa del novio o de la novia para llevar a cabo la comida que por lo general era un mole de pollo solo para vecinos y familiares cercanos de los novios.

Cuando estalló el movimiento cristero, en el centro del país la guerra fue de una manera más cruenta y algunos historiadores ubican el número de personas muertas en un máximo de 250 mil, entre civiles, cristeros y miembros del Ejército Mexicano, todos ellos muertos en situaciones realmente violentas y sangrientas.

Tal fue la situación de una joven pareja que vivió años atrás y que hoy son los protagonistas de esta historia, Margarita era hija de unos señores campesinos que vivían en un modesto “jacalito” de carrizo, madera y paja ubicado en lo que hoy es “Varas Verdes”, era una chica alegre y muy devota siempre portaba en su cuello un viejo escapulario que le había regalado su abuela antes de morir, Alberto era un hombre trabajador el cual se dedicaba a vender leña que en su burrito llevaba hasta el pueblo de Calvillo y así mantener a su padre enfermo, su madre murió de parto y su única hermana también había muerto de una extraña fiebre.

Margarita y Alberto se conocieron, se empezaron a tratar y con el tiempo se enamoraron, ambos eran buenas personas y excelentes cristianos, pero lamentablemente su amor nació en una de las peores épocas de México: durante el movimiento cristero.

En Calvillo al igual que la mayoría del país se dio la orden de cerrar los templos y se prohibió terminantemente a los habitantes practicar su religión, los sacerdotes se tenían que disfrazar y otros más esconder en las barrancas o en las casas de los fieles.


Este era el escenario en el que se desarrolló la historia de estos jóvenes, cierto día Alberto decidió dar un paso más en su relación y pidió matrimonio a Margarita, cuando escuchó la propuesta sus ojos se llenaron de lagrimas, Alberto le comentó que ya había hablado con un sacerdote que los iba a casar en el campo de manera clandestina en total secreto, el sueño de Margarita era llegar vestida de blanco al altar, pero por esos tiempos difíciles jamás pudo realizar su anhelado deseo.

Margarita aceptó casarse en el campo y se resignó a hacerlo sin ningún vestido especial, se llegó el día de la boda y ambos partieron rumbo a Calvillo al campo donde se efectuaría el casamiento, Alberto llevaba una carta escrita a mano por el cura donde este aceptaba casarlos en tal fecha desobedeciendo la ley del Estado, realizando la ceremonia en total secreto, cuando iban de camino ambos decidieron hacer un alto en un viejo mezquite que había al lado del camino allí decidieron retomar fuerzas para el camino, mientras descansaban unos militares a caballo les alcanzaron:

¿Qué hacen aquí? –Preguntaron- ¿hacia donde se dirigen? –Preguntó un militar- Alberto respondió que iban al pueblo por qué Margarita se encontraba enferma un militar descendió de su caballo y decidió revisar si Margarita tenía fiebre o algo, al hacerlo pudo ver en el cuello de la joven aquél escapulario que su abuela le regaló. ¿Eres católica? -Preguntó el militar- asustada Margarita respondió que sí con apenas un ligero movimiento de cabeza.

¿Que no saben que ahora está prohibida la religión en México? -Dijo el oficial- Margarita del terrible miedo que sintió no respondió, por lo que el militar enfurecido le dio una fuerte bofetada que hizo caer a Margarita hasta el suelo, Alberto lleno de impotencia quiso golpear al militar pero este antes le golpeo con la cacha de su rifle, al hacerlo Alberto cayó también al suelo, al caer el militar observó que algo sobresalía de entre la camisa del joven, era la carta del sacerdote y en tono déspota exigió que le dijera que era ese documento, al no recibir respuesta alguna, arrebato de entre sus pertenencias de Alberto el papel, fue en ese momento cuando el soldado descubrió que ellos a donde realmente iban era a casarse, el militar aun mas enfurecido les preguntó que donde se llevaría a cabo el rito, para así sorprender al sacerdote y darle una lección por desobedecer las leyes que prohibían las manifestaciones de culto.

Alberto y Margarita se negaron a decirle donde es que el cura les esperaba, después de insistentes maltratos y golpes el militar muy enérgico les dijo: -Se las voy a poner fácil, o el cura o ustedes, si me dicen donde les espera los dejare ir, pero si se niegan a decirlo; les mataré, juro que lo haré, Margarita solo tomó su escapulario y lo estrechó muy fuerte en su pecho llena de temor.
Ante su firme silencio el militar tomó la terrible decisión de colgarles del viejo mezquite donde descansaban, fue así como Alberto y Margarita jamás pudieron realizar el sueño de ser esposos, sus cuerpos fueron dejados colgados a manera de escarmiento para que lo vieran todos los que pasaran por el lugar.


Desde entonces a ese mezquite se le llama “El mezquite de los novios” y tras la culminación de la persecución cristera, los novios que iban a casarse durante su recorrido descansaban en ese viejo árbol en recuerdo de aquellos jóvenes que jamás realizaron su sueño.

Tiempo después también se volvió a colgar a un hombre mas de una de sus ramas, hoy en la actualidad aun existe ese árbol y hay quienes dicen que en ese lugar, se ha visto vagar el espíritu de Alberto y Margarita, otros más, sobre todo aquellos que muy temprano caminan rumbo a sus parcelas aseguran haber visto a una mujer de blanco sentada al pie del árbol, la cual desaparece apenas te acercas, algunos otros cuentan que al acercarse al árbol les avientan piedras en medio de lamentos como impidiendo que se acerquen al lugar, también se dice que al caminar por allí sienten como alguien camina a sus espaldas y al girar pueden ver a dos jóvenes tomados de la mano que les miran fijamente, son varios los testimonios sobre este árbol lleno de historia, que se localiza rumbo al “Sapo” y la “Mesa” por el viejo camino que conducía a Calvillo.

Lo que sí es verdad es que estar frente a este árbol y en este lugar transmite un clima de verdadero terror y tristeza a la vez por aquellos jóvenes novios, por eso la próxima vez que pases por este lugar y escuchas algo raro tras de ti es mejor que no gires hacia atrás porque te podría preparar una gran sorpresa el antiquísimo Mezquite de los novios.

FUENTE: http://lapresadelosserna.blogspot.com

viernes, 24 de mayo de 2019

El callejón del tesoro.


¿Quién no conoce en Aguascalientes la leyenda de "El Callejón del Tesoro? pocos, la historia de este pasadizo en donde un forastero fincó una casa, y se bordó una leyenda, convirtiéndose en una de las epopeyas que se cuentan y forman parte de las tradiciones de la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes. Como me lo platicaron, se los cuento. Nos dijo Alfonso Cabeza de Vaca, un hombre serio que pasa de los ochenta años, su abuelo platicaba un suceso que llenó de espanto a Aguascalientes, un carro fantástico que recorría la ciudad a media noche.

Dos caballos blancos jalaban el carruaje que era guiado por un espectro vestido también de blanco, andaba por las calles haciendo escándalo; despertando al vecindario aquel "carro del demonio", que parecía que anunciaba una desgracia. Todo mundo hablaba del suceso; algunos aseguraban que un coche, jalado por dos colosales caballos, lo conducía una bella mujer, que al parecer estaba perturbada de sus facultades mentales, y como desahogo, sus familiares le permitían recorriera la Villa por las noches, para no ser reconocida, ya que ni amigos ni parientes lejanos sabían el secreto de una de las familias más acomodadas de la Villa, que tenían una hija demente.


Las versiones eran diferentes, se hablaba mucho del suceso y cada persona inventaba una versión, el caso es que cuando caían las sombras de la noche, los parroquianos comenzaban a sentir temor. Los hombres con disimulo cerraban con llave las puertas de sus casas, las mujeres los postigos y apagaban las velas para que no se fuera a ver la menor luz y se aseguraban que los niños estuvieran dormidos para que no se dieran cuenta de este hecho diabólico que tenía intrigada a toda la población y que nadie se atrevía a enfrentarlo.

Todos esperaban con pánico aquel ruido que se escuchaba a lo lejos y que se iba acercando hasta pasar frente a las casas, el que se perdía después y nadie sabía para donde se diluía, el hecho era que al día siguiente volvía a pasar, ante el azoro de todos. Muchos hombres que por necesidad tenían que trabajar de noche, al venir aquel carro que parecía que andaba solo, caían privados, otros trasnochadores al escuchar el ruido de las patas de los caballos que pegaban en el empedrado, caían de rodillas y rezaban a gritos. Se cuenta que algunas personas perdieron la vida al oír el "crujir de aquel coche fantástico en polvorosa armonía con las pisadas de los colosales caballos".

Pero a ciencia cierta nadie sabía realmente de lo que se trataba, se hacían miles de conjeturas, lo cierto es que el terror se apoderó de los habitantes de la Villa. Los sacerdotes regaban agua bendita por todos lados, había peregrinaciones por las calles, pero nada cuando menos se lo esperaban, aquel carro del demonio salía por alguna arteria, recorría la ciudad y se perdía entre la bruma de la noche.


Cuenta la leyenda que Don Narciso Aguilar, un hombre inmensamente rico vivía en la ciudad de Guadalajara con su familia. Tenía fabulosos negocios a los que les dedicaba la mayor parte de su tiempo. Un día su mujer al sentirse sola y no contar nunca con su marido, decidió tener un amigo para hacer menos triste su soledad. Al enterarse Don Narciso del engaño de su mujer, en vez de hacer un escándalo y lavar con sangre su honor, pensó alejarse de la ciudad para siempre, buscando un lugar en donde nadie pudiera encontrarlo. Sabía que Aguascalientes era un lugar tranquilo, hospitalario, que se podría vivir con tranquilidad y eligió esa Villa para pasar los últimos años de su vida, y olvidar la traición de su mujer.

Don Narciso Aguilar tenía, un amigo de la infancia un hombre bondadoso que por muchos años había trabajado con él y el único al que podía confiarle su secreto; le platicó su plan y lo invitó para correr con él la aventura, ya que era una persona solitaria, entrado en años y soltero. Los dos llegaron a la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes y después de recorrer la ciudad, encontraron un callejón, apropiado para lo que querían, y sin más compraron varias casitas casi en ruinas y don Narciso comenzó a construir su residencia, la única casa que se encontraba en el callejón, que después se llamó del Tesoro.


Mientras construía la casa que llevó el número 13, Don Narciso hacía constantes viajes a Guadalajara para ir trasladando poco a poco su cuantioso tesoro, que eran varias talegas de oro, lo que hacía a medianoche para evitar sospechas. Se cuenta que vestido de arriero y a lomo de mula, Don Narciso trasladó su dineral y ayudado por su amigo Cirilo Castañeda, lo guardaron en la cocina de la casa que estaba junto al brocal del pozo frente a la puerta de la calle.

Al llegar a Aguascalientes los dos amigos, traían sendos caballos blancos, briosos y de alzada, así como un carro en donde habían traído sus pertenencias. Don Narciso y Don Cirilo, no conocían a nadie en el lugar, ni querían conocer. Se dedicaban a dirigir la casa que le hicieron unos buenos albañiles de la Escuela de Don Refugio Reyes Rivas, el arquitecto sin título que hiciera el templo de San Antonio, y por la noche se aburrían mortalmente. Jugaban baraja, se tomaban sus copitas, pero... les sobraba tiempo, hasta que un día decidieron dar una vuelta por la ciudad, pero sin darse a ver. Don Cirilo era quien guiaba el coche y para no ser reconocido, se vistió con una túnica blanca, que le iba desde la cabeza a los pies, y sólo había dejado dos rendijas para que se le asomaran los ojos. Don Narciso vestía un extraño traje pegado al cuerpo de color carne y una media en la cara. Él iba acostado en el coche para no ser visto. Todas las noches se disfrazaban, tomaban su carro y salían a recorrer las calles.


Cuando vieron que su paseo les causaba pavor a las personas, lo hacían con más ganas, sirviéndoles de diversión el miedo que les causaba a los parroquianos; mientras las gentes se privaban de espanto, ellos se "morían" pero de risa. Habían encontrado una gran diversión por las noches que al principio les eran mortalmente aburridas. Este recorrido lo hicieron por mucho tiempo, hasta que el pueblo se fue acostumbrando a ver y escuchar a este "carro del demonio" que resultó inofensivo.
Al ver Don Narciso y Don Cirilo que ya nadie les temía, dejaron de salir a realizar sus paseos nocturnos que por tanto tiempo tuvo inquieta la ciudad, y así desapareció el temido "carro del demonio". Los dos amigos vivían solitarios en aquel callejón cuidando el tesoro de Don Narciso Aguilar, así como a los caballos y burros que tenían en el traspatio. Se hablaba de dos viejitos ricos que vivían en el "Callejón del Tesoro", como le puso el vulgo. De pronto desapareció Don Cirilo, nadie supo de su paradero . ¿Se peleó con Don Narciso y se fue a Guadalajara? ¿Se murió de muerte natural? ¿Lo mató Don Narciso por miedo a que lo robara?... nadie supo. Don Narciso salía y entraba a su casa solo, siempre solo; no hablaba con nadie, cuando se escuchaba su voz era porque se dirigía a sus animales.

Se había corrido la voz de que en el Callejón del Tesoro, en el número 13, vivía un hombre solo, el que se dedicaba a cuidar un fabuloso tesoro. Esto llegó a oídos del famoso Juan Chávez, uno de los más grandes ladrones que ha habido en Aguascalientes. Una noche Juan Chávez quiso apoderarse del "entierro" de Don Narciso y por asustarlo para que le dijera en dónde estaba el dinero, se le pasó la mano, y lo mató. Y el dinero que por muchos años estuvo escondido en la casa número 13 de un callejón, pasó a manos de Juan Chávez y Don Narciso pasó a mejor vida. La historia de Narciso Aguilar el rico jalisciense y su amigo Don Cirilo Castañeda se olvidó, pero el nombre del "Callejón del Tesoro", todavía existe en la Ciudad de Aguascalientes, nombre que resultó de una sabrosa leyenda.

FUENTE: http://www.aguascalientes.gob.mx

jueves, 23 de mayo de 2019

El Espectro del Cementerio.


Los panteones por el hecho de ser el lugar donde se entierran los cadáveres, es un sitio lúgubre, silencioso, que llena de espanto y pavor, como si alguien nos persiguiera; se volteara de reojo erizándose los cabellos de miedo. Por esto, en los cementerios se enlazan tantas leyendas y los cuentistas sitúan sus relatos en tenebrosos Campos Santos para darles visos de terror a sus fantasías y de tener temblando de espanto a su auditorio. En el Panteón de Guadalupe en la Ciudad de Aguascalientes se han ubicado muchas historias las que cuenta la gente, y tan solo al pasar frente a él, se apodera de las personas un miedo, como si un muerto saliera a perseguirlas.

Una de tantas leyendas que corren de boca en boca, es la que escribió el profesor Alonso Montañés, en la que relata, que el señor Jesús Infante un conocido cantero del lugar fue requerido por Don Carlos Espino para realizar un trabajo, para el muy importante, pues era terminar un monumento familiar en el panteón de Guadalupe, con la suplica que el trabajo debería ser terminado el día que le había fijado Don Carlos.

Don Jesús acepto el compromiso e inicio su labor dentro del cementerio siendo más laboriosa la faena de lo que el pensaba. Se acercaba el plazo y el cantero estaba nervioso por saber que no era posible terminar que le habían encomendado. Solo faltaba un día y al ir por un andador al recoger un material escucho ruidos extraños, voltio para ver si había alguna una persona, pero al sentirse solo se le "enchino" el cuerpo y siguió escuchando un trac, trac, trac. Platicaba don Jesús que en aquel momento las piernas no le respondían, quería correr pero no podía porque las extremidades inferiores las sentía de plomo.


No pudo gritar, la voz no le salía y sintió que los pelos se le pararon como un resplandor. Volteó hacía atrás, y su sorpresa fue cuando vio un esqueleto que lo seguía y que moviendo las mandíbulas las que sonaba al juntársele los dientes, clarito oyó una voz que le decía: "compadécete de mis penas que me atormentan en el purgatorio; tengo muchos años sin descanso; pide a mi abuelo, padre de tu abuelo de que los doce mil pesos en plata que están al pie de la alacena que está en la cocina a vara y media de profundidad, te dé cien pesos, de los cuales darás cincuenta al padre de la iglesia para que me diga tres misas. Yo te recompensaré dándote el alivio de tu susto.

Si no cumples con mi encargo, no sanarás" El pobre hombre no supo qué hacer, al ver al esqueleto caminando y meneando las mandíbulas, con voz de ultratumba que se dirigía a él, pensó que iba a caer privado, pero sintió que una fuerza sobrenatural lo sostenía y de pronto, pudo moverse y salir despavorido, sintiendo tras de él, el esqueleto que parecía lo correteaba. Corriendo llegó a la puerta del cementerio, jurando no volver más a ese lugar y dejando toda su herramienta cerca del monumento. Pero su responsabilidad fue más grande que su miedo y acompañado de un amigo, volvió al día siguiente para terminar con su compromiso.

El cantero platicó a su compañero lo que le había ocurrido el día anterior, y los dos estuvieron trabajando, volteando para todos lados con el temor de que en cualquier momento se le fuera a aparecer el esqueleto que le había hablado y ellos cayeran privados de susto.


Pero no fue así, durante el tiempo que permanecieron en el cementerio, no se escuchó ni el más leve ruido, todo era un "silencio sepulcral" Don Jesús comenzó a estar muy enfermo; un temblor como de frío se apoderaba de él y las piernas poco a poco se le fueron paralizando al grado que no pudo caminar más. Traía en la mente lo que le había pedido el esqueleto que lo persiguió por el panteón de Guadalupe, lo que no lo dejaba estar sosegado ni de noche ni de día. Hablo con un pariente, le contó lo sucedido y en una silla de ruedas lo acompaño a sacar el "entierro", pidiéndole el dinero para mandar decir las misas que el difunto necesitaba para poder salir del purgatorio.

Quería hacer el encargo antes de morir, pues realmente se sentía muy enfermo. Después de haber cumplido lo que le había indicado la calavera Don Jesús comenzó a sentir alivio. Poco a poco empezó a sentirse mejor hasta haberse recuperado totalmente. Aquel suceso que le ocurrió le había dejado una huella profunda y cada vez que tenia oportunidad lo contaba a sus amigos. En una ocasión que se lo refirió a un pariente lejano, este le dijo: "hace muchos años le paso lo mismo a Joaquín Sánchez, cuando fue a visitar la tumba de su madre al panteón de Guadalupe.

Al escuchar Joaquín que un esqueleto se acercaba a el, y que de las mandíbulas salía una voz de ultratumba, salió despavorido saltando por la pared del cementerio y como un loco furioso llegó a su casa. Platicó a su mujer lo que le había pasado y desde ese día comenzó a estar enfermo. Solo que a él, no solamente se le paralizaron las piernas sino que quedó lelo, perdió el habla y al poco tiempo falleció". La historia del esqueleto del cementerio era conocida por todo el lugar, no se habló de otra cosa en mucho tiempo siendo una de las tantas leyendas que corrieron por Aguascalientes en el siglo pasado, y que todavía se cuenta en el barrio de Guadalupe, al hablar de ese cementerio.

FUENTE: http://www.aguascalientes.gob.mx

miércoles, 22 de mayo de 2019

La china Hilaria II


Dicen, que pueblo chico infierno grande, y por Aguascalientes en la época en que era "muy chico", corrían los chismes, convirtiéndose en un "verdadero infierno", pues lo que sucedía en un extremo se regaba como pólvora y en tanto que se los cuento, todo el pueblo conocía la hablilla. Por lo que se ganó el mote de "Lenguascalientes". Y así una historia se iba formando según se platicaba, gracias al ingenio, maledicencia y fantasía del cuentista, por lo que había varias versiones de una misma leyenda.

Así paso con la famosa China Hilaria, una mujer muy castiza que vivía en el Barrio de Triana (Del Encino) por los años de 1860 y por ser coqueta y "entrona", se corrieron varias interpretaciones sobre su persona. Se cuenta que en el Barrio de Triana existió una pulquería muy famosa, allá como a mediados del siglo pasado y la que duró muchos años. Se llamaba "Pulquería de las Chinas..." Era atendida por tres hermanas, Andrea, Micaela e Hilaria las que además de hermosas eran mujeres de "pelo en pecho", no se dejaban de nadie y como la Adelita, "hasta el mismo coronel las respetaba", pues el famoso bandido Juan Chávez, al que hicieron coronel los conservadores, les guardaba sus frijolitos al grado que callaba a sus asistentes cuando decían alguna mala palabra frente a las chinas, quienes lucían hermosas cabelleras rizadas.

Contaba Don José Ramírez Palos que la pulquería ubicada en el corazón del barrio era muy frecuentada, no solamente por los trianeros, sino también por muchos otros parroquianos del pueblo "pero los clientes más asiduos, eran los veteranos de las guerras de Reforma e Intervención, que en muy amigable camaradería, se contaban sus hazañas bajo los frescos emparrados que sombreaban el patio de la pulquería, y así, sin rencores , rememoraban hechos y contaban sabrosísimas anécdotas".

La "Pulquería de las Chinas" era frecuentada, como muchas otras, por el famoso bandido Juan Chávez, el terror de Aguascalientes, así como por sus ayudantes los capitanes: "Bueyes Pintos", "El Chato Góngora" y Pantaleón "El Cuate", los que varios escándalos cometieron en esa "emborrachaduría", solapados por las tres hermanas, que según las malas lenguas, también fueron sus mujeres. Ellas, dice Ramírez Palos, estaban perfectamente identificadas con sus "hombres", los emulaban admirablemente, pues cuando ellos andaban en sus correrías, ellas no desperdiciaban ocasión para desvalijar a los transeúntes que se aventuraban por los lugares donde tenían establecido su hato. Para llevar a cabo con seguro éxito sus atracos, las chinas se vestían de hombre y después de haber amarrado a sus victimas, para mejor robarlas, se cambiaban de indumentaria, vistiendo sus elegantes trajes femeninos. Estaban acostumbradas a las más duras faenas, a las labores propias de los hombres, pero al vestirse de mujeres, eran verdaderas y afectuosas damas.


Dice la leyenda que en la mañana del sábado de gloria del año de 1892, después de que las chinas acompañadas de sus guitarras, cantaban las mañanitas al "abrirse la gloria", como era costumbre, reunían a un grupo de sus amigos "los asiduos asistentes" a la pulquería y les obsequiaban las "catrinas" de la casa, mientras ellos referían el relato de sus hazañas. Al calor de los pulques, las historias eran cada vez más interesantes. "El maestro Braulio", que había militado durante la guerra del 47 a las órdenes del general Miñón y en la de Reforma, en las filas conservadoras, las del aguerrido Miramón; contaba como las mujeres de Aguascalientes dieron pruebas de un altísimo patriotismo, negándose a prestar sus servicios al odiado invasor y muchas veces matando a los soldados gringos que se aventuraban a internarse por las tortuosas callejas de nuestro barrio. Anacleto, también contó sus aventuras ante la admiración de los invitados al jolgorio, los que se mostraban atentos al escuchar tales hazañas.
Por allá en un rincón se encontraba Blas, el que "chupando", observaba a los relatores. Era un hombre de no malos bigotes, que tenía dos personalidades bien definidas. En su juicio era muy serio, hasta hosco y de pocas palabras. Pero, con copas encima, era agradable, gran cuentero, quien tenía mucha sal para aderezar sus historias, así como sus "chistes".

En una libreta que llamaba "chistera", anotaba sus cuentos y podía estar horas y horas deleitando a la concurrencia con sus simpáticas chanzas. Después de pedir permiso a Hilaria, la que fuera mujer de Pantaleón "El Cuate", y tener la venia de la China Hilaria para relatar la historia, dijo: Como todos ustedes saben, mi amigo Pantaleón fue uno de los ayudantes del coronel Juan Chávez y por lo mismo estaba acostumbrado a "rebalsar de lo lindo y gastar hasta alazanas, para darle gusto a su preciosa, la China Hilaria, que portaba los más finos rebozos que se vendían en la Feria de San Juan y que con mucha gracia lucía en las fiestas de San Marcos, donde era la envidia de las meras catrinas por sus bellos zagalejos de legítimo castor cubiertos de lentejuela de oro, sus ricos hilos de coral que valían harto dinero y más que por sus galas, por el donaire con que las llevaba y la hermosura de los veinte años".


Y continuó hablando Blas: Cuando mataron al coronel Juan Chávez el 15 de febrero de 1869, Pantaleón se "agorzomó mucho, porque comprendió que ya no podía darse la vida a que estaba acostumbrado; y sólo el pensar que tendría que trabajar, lo ponía muy triste y además se le hacía muy cuesta arriba pensar que su buena moza, 'ora la China, ya no podría portar sus buenos rebozos de bolita ni sus franelas de castor; y más que todo esto, le atormentaba la idea de que ya no podría garbear en fandangos y cantinas como en sus buenos tiempos, cuando cerraba el lugar y obsequiaba, con su dinero, a los clientes".

Al pensar en trabajar, a Pantaleón se le enchinaba el cuerpo pero ya era imposible seguir su vida de aventurero y asaltador de caminos, pues ya su jefe se había "quebrado". Como todos sus ayudantes y su propia viuda, sabían que Juan Chávez había ocultado su tesoro en una cueva del Cerro de los Gallos. El " Cuate " Pantaleón que conocía este lugar palmo a palmo decidió buscar la fortuna que había acumulado Juan Chávez, durante sus asaltos, ya que a él también le pertenecía por haber sido uno de sus "compinches".

Pantaleón salió de madrugada rumbo al Cerro de los Gallos, volteaba para todos lados para estar seguro que nadie lo seguía y así casi corriendo llego a la falda del cerro. Mirando al suelo recorrió todas las cuevas, los vericuetos del lugar y hasta movía los árboles para ver si encontraba el tesoro de Juan Chávez, pero nada. "Muerto de cansancio", casi al anochecer se sentó en una piedra para descansar y sin saber como, se quedó dormido. Estando en el más profundo sueño, "el cuate", escuchó una voz que salía de las cuevas, era tan de ultratumba que se despabiló y paro la oreja.

Aquella voz claramente le decía que el famoso tesoro de Juan Chávez no existía, que era inútil que lo buscara, pero que el podía hacerlo inmensamente rico para poder seguir su vida de desorden y derroche. A cambio sólo le pedía que le diera trabajo todos los días por aburrirse mucho, y que el día que no pudiera hacerlo, tenía que entregarle su alma.


En aquel momento Pantaleón comprendió que el que le ofrecía el trato, no era más que el demonio. Se quedó pensando unos minutos, sabía que de no aceptar, se moriría de hambre por no saber trabajar y sobre todo, perdería a la China Hilaria, la que pobre, no lo seguiría. Y por eso, aceptó el pacto con el diablo. En un charco de agua Pantaleón se mojó la cara así como el cabello y brincando bajo del cerro se encontró que los bolsillos los tenía repletos de oro lo que le dio una gran satisfacción. Llegó a su casa y le dijo a su mujer que era muy rico, que había encontrado el tesoro de Juan Chávez, el que tanto habían buscado... que su porvenir estaba asegurado.

Hilaria no estaba muy convencida, pero como era ambiciosa, se sintió feliz de ser una potentada. Habló con sus hermanas de cerrar la pulquería y dedicarse a pasear, lo que no aceptaron por ser para ellas la pulquería una diversión. Estando Pantaleón desayunando, le dijo la sirvienta que lo buscaba un señor, al recibirlo, se dio cuenta que iba Satanás por el trabajo que le había ofrecido. Pantaleón, sin inmutarse, le dijo que deseaba le comprara una hacienda cerca de la cantera, en donde toda la vida había tenido la ilusión de tener una propiedad. Por la tarde, se presentó aquel hombre con los documentos para que Pantaleón firmara el recibo que lo acreditaba como dueño de esa propiedad. Y así todos los días por la mañana se presentaba aquel agente de negocios para recibir las instrucciones de Pantaleón el que, ya no sabía que hacer.

Le pidió que hiciera un acotamiento en toda su propiedad lo que pensó llevaría mucho tiempo, pero, al día siguiente, estaba terminado. Le pidió sembrara flores. Después, sembrar varias huertas de guayaba, durazno, etc. Mas tarde le pidió construir grandes presas, que hiciera canales de irrigación. Y así inventaba cada día cosas lógicas y hasta absurdas pero todo le concedía; en el acto, el menor de sus deseos era cumplido por el demonio que deseaba llevarse su alma.

El pobre - rico- Pantaleón se veía triste, aquel hombre simpático y dicharachero se había convertido en taciturno, callado, su cara empezó a palidecer y hasta el pelo se le caía a manojos; nada le causaba encanto ni atractivo y hasta se le quitó el hambre. A la China Hilaria, que lo conocía tanto "como si lo acabara de desensillar" le preocupó el triste estado de su marido, al que veía acabado. Una noche vio inquieto a Pantaleón, y aquel hombre tan valiente, "muy matón y de a caballo", acabó llorando como un niño. Zarandeándolo, lo obligó a que le dijera qué pasaba y el "cuate" le dijo que lo del tesoro de Juan Chávez era mentira, le contó el pacto que había hecho con el diablo, lo que lo tenía temblando de miedo y amarillo como limón pasado.

La China lo escuchó con todo detenimiento y cuando terminó, ella soltó una sonora carcajada que se escuchó hasta la esquina de su casa. ¿Por qué no te confiaste de mí y me platicaste, antes, el trato que hiciste con el demonio?. Duérmete, le dijo, desde mañana yo me encargaré de darle trabajo a ese indecente. Trabajará toda su vida o nos dejará en paz para siempre. Pensando Pantaleón que su mujer se había vuelto loca, no pegó los ojos en toda la noche furioso de ver a Hilaria dormida como un tronco, seguramente le había comprendido su problema .


A la mañana siguiente llegó el "hombre" a la casa de Pantaleón. La china lo recibió diciendo que su marido estaba enfermo y que ella se encargaría del trabajo por el que iba, que la esperara un momento. Entro Hilaria a su pieza, sacó del buró una tijeras y se cortó un largo chino de su cabello, y con él en su mano le dijo al diablo: "Dice mi marido que mientras el se alivia y le puede ordenar lo que desea, desenrede este cabello, hasta que quede completamente liso. El diablo tomó el cabello pensando que Pantaleón había perdido el juicio. "Dígale que dentro de un rato estaré de regreso". Riéndose se fue el diablo y riéndose se quedó Hilaria.
En la esquina Satanás comenzó a tratar de convertir en un alambre el ensortijado pelo, pero fue inútil ; duro varias horas y no pudo. Regreso a la casa para decirle a la señora que regresaría al día siguiente, con el pelo desenrollado. Pasaron varios días y el hombre aquel no regresaba. Pantaleón se sentía mas tranquilo pero al pensar que el día menos pensado se presentaría nuevamente a pedir trabajo, le entraba un gran desasosiego que lo hacía temblar. Después de varios años, un día se encontraban Pantaleón y la China en la Hacienda, sentados con los pies dentro del arroyo, cuando vieron al diablo sentado en una piedra tratando de desenrollar el pelo. De pronto les gritó : "!Ya mero termino....¡" .Pero la China mostrándole su enorme cabellera contestó : "Dese prisa, que todavía le faltan muchos mechones que desenchinar" .

Al ver Satanás la espesa y larga cabellera de Hilaria, aventó el chino que le había dado la esposa de Pantaleón, gritándoles: "¡ Me doy por vencido, aquí se acabó nuestro trato ¡". Pantaleón y la China se abrazaron bailando de gusto, eran ricos y se habían quitando al diablo de encima. Pero como no estaban acostumbrados a trabajar, poco a poco se quedaron en la inopia. Pantaleón se murió y la China continuó con su pulquería . Pero al conocer la historia los trianeros, y saber la audacia de la mujer, cuando alguien se pasa de listo le dicen : "Este parece hijo de la China Hilaria". La China Hilaria se puso en jarras y le dijo a Blas : "Te deje contar mi historia pero no para que me "choties". Paga tus copas y lárgate de la pulquería". La leyenda se ha difundido oralmente, y aquí quedo escrita. Muchas gentes la conocen. Y la frase "Hijo de la China Hilaria", es aun más conocida, sin saber de donde proviene, aunque es de suponerse que se da por hecho que un hijo de aquella sagaz mujer ha de ser enredoso y trapacero y como ella misma, capaz de engañar al mismo diablo.

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martes, 21 de mayo de 2019

La china y el chamuco.


En el barrio de Triana, uno de los más típicos de Aguascalientes, se han bordado toda clase de historias que al paso del tiempo se han convertido en sabrosas leyendas que se van pasando oralmente. Dicen que en ese lugar, el más castizo de la ciudad, precisamente en la calle de la Alegría, vivía una familia humilde, pero de buenas costumbres; los padres habían educado a sus hijos a la usanza de Aguascalientes del siglo pasado, en que los hijos besaban la mano y la frente de sus progenitores y con los ojos los mandaban sus padres. Hilaria, era la hija mayor de los señores Macías, que además de ser una mujer muy hacendosa, era bella y tenía un donaire al caminar que parecía una reina.

Otra de sus virtudes era que le gustaba hacer obras de caridad, visitando diariamente a los enfermos y menesterosos, llevándoles consuelo y ayuda material. La joven era muy conocida en el barrio por ser muy atractiva y además, por tener sus padres un negocio pequeño en donde vendían antojitos y muchas veces ella, se dedicaba a cobrarles a los clientes.

Los domingos, cuando Hilaria iba a misa a la iglesia del Encino, llamaba la atención. Llevaba un hermoso zagalejo bordado y su rebozo de bolita que lucía con destreza; en su pelo, que era muy chino, usaba un listón del mismo color del traje. Las muchachas en edad de merecer, le tenían envidia porque todos los jóvenes del barrio se perdían por una mirada de los negros ojos de la chica, que a todos desdeñaba.

Uno de ellos en una ocasión le dijo este piropo: "Con la sal que una morena derrama de mala gana, tiene para mantenerse una rubia una semana". Así pasaba el tiempo y aunque Hilaria Macías tenía muchos pretendientes, a ninguno le hacía caso por no haberle llegado todavía su hora de enamorarse.


Pero un día la muchacha se vio acosada por un individuo de mala reputación, uno de los malditos del barrio de Triana, al que le apodaban "El Chamuco", a más de ser feo, prieto y cacarizo, era presumido en grado superlativo; Dios le había dado la gracia de que se sintiera guapo y él así se veía. "El Chamuco" se enamoró perdidamente de ella y no la dejaba ni a sol ni a sombra. Cuando salía de su casa la estaba esperando en la esquina, al grado que ya no podía salir por miedo, ya que la había amenazado con que la iba a raptar. Un día Hilaria se fue a confesar con el Cura de la Parroquia del Encino y le dijo su problema, que no podía salir a la calle por miedo de encontrase con "El Chamuco" y había dejado de hacer sus obras sociales. Que la acosaba y le tenía un miedo infernal. El padre le dijo que no se preocupara, que iba a mandar llamar a "El Chamuco" para amonestarlo y decirle que la dejara en paz.

Al día siguiente, el señor Cura encontró en el jardín del Encino a "El Chamuco", que era muy conocido en el barrio por "malora" y le pidió fuera al curato porque tenía que hablar con él. Y así lo hizo, por la tarde el hombre fue a visitar al sacerdote.

El padre que le había ofrecido a la muchacha persuadirlo para que la dejara tranquila, ideó una cosa extravagante; le dijo: "Mira Chamuco, pídele a Hilaria un rizo de su pelo; si lo enderezas en el término de quince días, te aseguro que se casa contigo, yo mismo le pediré a sus padres su mano para ti". El hombre le dijo: "Pero padre, si no me concede una palabra, ¿cómo piensa que me dará un chino? Eso es imposible". El cura le aseguró que lo tendría, él mismo se encargaría de pedírselo. Así fue, el padre le pidió el rizo a Hilaria y se le dio a "El Chamuco", el que pasaba todo el día tratando de enderezarlo, sin el menor resultado.


"El Chamuco" fue a ver al padre para decirle que era imposible, que se pasaba noche y día alisando el pelo y que parecía que con eso se enchinaba más, que estaba desesperado y no sabía qué hacer. El sacerdote con toda calma le dijo, "síguelo intentando, yo sé que el día menos pensado vendrás con el pelo completamente lacio y ese día pediremos a Hilaria. Pasaron varios días y "El Chamuco" con un humor de los diablos invocó al demonio, ofreciéndole su alma en recompensa si le enderezaba aquel porfiado rizo de Hilaria, que por más que lo estiraba, en lugar de alaciarse, más se enchinaba.

Al invocar a Satanás se le apareció un hombre elegantemente vestido, con bombín, polainas y bastón, que al verlo "El Chamuco", se hizo para atrás, ya que él le había hablado al demonio y no a la persona que tenía enfrente. El catrín le dijo al "Chamuco", que qué hacía tan afanosamente acariciando ese cairel, a lo que él contestó, que alisar el chino, y nada que se hacía lacio. "Yo te ayudaré", le dijo el catrín, y al tomar el pelo con las manos, aquel chino se hizo un verdadero tirabuzón y dándole una rabia infinita, aventó el chino a la cara de "El Chamuco", gritándole el catrín con todas sus fuerzas: "¡Que coraje, ni yo puedo enderezar este maldito rizo!".


Al mismo tiempo se iba transformando; la boca se le deformó horriblemente, los ojos se le saltaron como de rana y de ellos le brotaba lumbre, por abajo del bombín le salieron dos puntiagudos cuernos y las manos se le empezaron a poner peludas como de animal.

Cuando "El Chamuco" vio que el catrín se convertía en un demonio, quiso echar a correr, pero no pudo, sintió que le flaqueaban las piernas, que la cabeza le daba vueltas y que los ojos se le torcían. Pero cuando vio a aquel engendro del infierno que volaba por los aires dejando un fuerte olor a azufre, perdió el sentido y no supo más de él. Cuenta la leyenda que "El Chamuco", sufrió tal impacto, que perdió la razón; por muchos años vivió como un ente del barrio de Triana, sin recordar nada del pasado. Solamente cuando algún amigo pasaba junto a él y le preguntaba ¿Cómo estás "Chamuco"?, él contestaba "De la china Hilaria". Para los chamacos del barrio, era una diversión, lo único que sabía decir: "De la China Hilaria".


El pobre hombre al "que no le hizo justicia la naturaleza" porque nació muy feo, poco a poco se fue convirtiendo en un verdadero monstruo. Vivía en el barrio de Triana, casi siempre se encontraba en el Jardín del Encino sentado en una banca y enojándose con los chamacos que lo vacilaban. Era un loco inofensivo, uno de los pintorescos tipos de ese barrio. Años mas tarde Hilaria Macías se casó con un fuereño y se fue de Aguascalientes.

La historia del gran amor de "El Chamuco" se fue olvidando convirtiéndose en un mito. Pero la expresión de "La China Hilaria", se quedó para siempre. Muchas personas antiguas del barrio de Triana conocen esta tradición por habérselas contado sus abuelos y así se ha ido pasando de generación en generación. Y con frecuencia a los muchachos latosos o feos, les dicen pareces "Chamuco", y sin pensar, están recordando a aquel pobre hombre que por amor perdió la razón.

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lunes, 20 de mayo de 2019

La momia del túnel (AGUASCALIENTES)


Se cuenta que en la ciudad de Aguascalientes existen varios túneles que se conectan entre sí que servían de escondite no solamente a los Franciscanos del templo de San Diego durante la persecución religiosa, sino a muchas personas que huían de la justicia... Una de las tantas leyendas que se ventilaron al respecto, fue la que contaba el profesor Alfonso Montañés, quien aseguraba tratarse de una historia verídica que con el tiempo se convirtió en una de tantas fantasías que se comentaban en las fiestas de salón, que tanto se usaban antes.

En la esquina de las calles de Carrillo Puerto y Democracia (ahora Eduardo J. Correa) había una tiendita cuyo propietario era un señor de nombre Brígido Villalobos. Era uno de los "Estanquillos" más populares en el Barrio de San Marcos, pues a más de que había todo como en botica, Don Brígido era un hombre muy amable, lo que se dice un buen comerciante que no dejaba salir a un cliente sin vender todo lo que el quería.

El señor Villalobos era un gran conversador, un hombre simpático y dicharachero, que tenia muy entretenido a sus amigos, los que todas las noches se reunían en su tienda para componer el mundo. Se hablaba de la carestía de la vida de los malos gobernantes... de todos los problemas que acosaban al país.


Pasaban dos horas de gran platica ; Don Brígido les ofrecía una copita, y a las ocho, cada uno de sus amigos se iba a su casa a descansar. Corría el año de gracia de 1884, y una noche, cuando el grupo de amigos se encontraba en lo mas álgido de la platica, se escucho un tremendo ruido en la pequeña trastienda que los hizo temblar.

Se voltearon a ver don Antonio, a quien apodaban el charrasqueado, don Severo, que le decían el cura, y Marqués Hernández. Ninguno se atrevía a hablar, pero don Brígido que era muy bromista les digo: "no creo que haya sido el aire"... Con cierto temor se levantaron los hombres que estaban sentados en un costal de azúcar, en un cajón de jabón, y en el banquito que tenía atrás del mostrador el dueño de la tienda.

Con cierta curiosidad se dirigieron al cuartito contiguo a la tienda y con sorpresa vieron que se había hundido el piso. Ninguno se atrevía a decir palabra, hasta que el señor Villalobos les dijo: "si no tienen miedo, vamos a ver que fue lo que pasó".


Los cuatro amigos quisieron bajar; pero fue verdaderamente imposible por la cantidad de polvo que había, que no los dejaba respirar y tuvieron que salir corriendo a la calle. Don Antonio, Don Severo y Márquez le dijeron a Brígido que de noche no se podía hacer nada, que se irían a sus casas y al día siguiente, con el fresco de la mañana y con la frente despejada irían a descubrir aquel misterio que los tenía intrigados.
Los amigos se despidieron dejando solo al dueño de la "tienda de la esquina", el que por mucho rato se quedó pensando qué podría hacer. Tenía que encerrar su estanquillo ¿y si alguien se metía por la trastienda y le robaba? No se podía quedar toda la noche afuera y si dormía en su "changarro", se asfixiaría por el terregal. Al lado de la tienda vivía Vicente Trujillo, el que al oír el estruendo también salió a la calle, como muchos de los vecinos.

Al ver el problema del pobre de Don Brígido, le dio la solución: se quedarían sentados en una banquita toda la noche, afuera de la tienda, tapados con cobijas para cuidar el negocio. Así lo hicieron, la esposa de don Vicente les llevaba café y así se hizo una bolita de amigos los que estuvieron toda la noche frente a la tienda ideando cómo le irían a hacer para sacar los muebles de Don Brígido y rescatar la mercancía que se había caído en el socavón. Para todos los amigos fue un día de fiesta, entre chascarrillos, adivinanzas y cantos, se pasaron toda la noche, sólo Don Brígido tenía como cara de purgado por la aflicción que sentía al haber perdido mercancía y habérsele echado a perder sus muebles. Con sogas y palas, un grupo de amigos y Don Brígido al frente de la expedición, bajaron por aquel agujero, que era un verdadero boquete.

Llevaban velas para ver por dónde caminaban, cuando de pronto se encontraron con un gran arco descubierto. Fue grande la sorpresa que llevaron los expedicionarios, los que resolvieron seguir caminando por aquel túnel; entre risas y rezos, los amigos se daban valor para seguir por el túnel con dirección al Jardín de San Marcos. Según dice la leyenda, el grupo de hombres "valientes" seguía caminando y así llegaron a la puerta oriente del Jardín, en donde encontraron algo inaudito: un gran armazón lleno de piezas de género, de telas muy finas y de diferentes colores.


Todos se quedaron de una pieza, no creían lo que estaban viendo sus ojos, no más que uno de ellos, ambicioso quiso llevarse algunas de aquellas telas de colores vivos, pero su sorpresa fue mayor, que al tocarlas se iban convirtiendo el polvo. Los gritos se oyeron hasta la calle. Aquello parecía película de terror.

Telarañas colgaban de las paredes del techo y los ratones corrían por todos lados haciendo brincar a los hombres que sólo decían "ay mamá Carlota", "¡Virgen del rayo, Sálvanos!", "por qué me metí en este enredo" y otras expresiones que verdaderamente daban risa. La expedición seguía, Don Brígido que era el afectado, se hacía el fuerte e iba por delante con su vela de sebo, que con una prendía la otra. Cuando de pronto se escuchó un grito general al ver muy seria sentada a una momia que pelaba los dientes y parecía se estaba riendo.

Al lado de ésta y recargada en la pared, había otra que tenía los pelos largos que le llegaban al suelo. Los amigos del señor Villalobos se tropezaban uno con otro por querer salir todos corriendo a la misma hora y así con los pelos hirsutos del susto y pálidos como el papel de china volvieron a salir por donde habían entrado, por la trastienda de la tienda de Don Brígido Villalobos. Nadie dijo nada, Don Brígido volvió a levantar el piso de su trastienda y todos hicieron un pacto de honor de platicar lo sucedido con nadie.

Mucho tiempo esta historia quedó en el secreto, hasta que un día, uno de ellos, parece que el charrasqueado, en una borrachera contó el suceso, el que más tarde se convirtió en una fábula. Don Alfonso Montañés asegura que existen otras entradas para esos túneles, que según se dice, van del Templo de San Diego al Jardín de San Marcos, de la Estación al Jardín, así como del templo del Encino al Jardín de San Marcos.

Lo cierto es que se han hecho muchas historias sobre los túneles de Aguascalientes en donde se dice guardaba su tesoro el famoso ladrón Juan Chávez. Cuando se decida explorar esos túneles conoceremos otras interesantes historias que convertiremos en leyendas para engrosar las tradiciones de Aguascalientes.

FUENTE: http://www.aguascalientes.gob.mx