jueves, 24 de mayo de 2018

La leyenda Japonesa del Jinmenken – El perro con cara humana.


En las costumbres y tradiciones japonesas, existen un sinfín de relatos relacionados con duendes, fantasmas y muchas otras criaturas. La mayoría de estos seres forman parte de mitos y leyendas, pero en algunos casos, se vuelve un poco complicado diferenciar donde termina la leyenda y empieza la realidad.

El Jinmenken, que podría traducirse como “el perro con cara de humano”, se asemeja a un perro de tamaño mediano, con pelo enredado o sucio. A lo largo del período Edo, ubicado desde 1603 hasta 1868 aproximadamente, estos Jinmenken eran vistos por las poblaciones locales, llegando incluso a aparecer en algunas publicaciones de noticias de la época. También eran expuestos en el “misemono”, una feria popular japonesa de esa época. Aquí se exponían animales exóticos, restos momificados de criaturas extrañas, artefactos místicos, y todo tipo de objetos muy extraños. Según algunos registros históricos, en esta feria se mostraba algún Jinmenken disecado, y en alguna ocasión vivo. Según la crónica paseaba a la vista de todos, aunque no esta claro si se trataban de Jinmenken reales, o perros alterados de alguna manera para engañar al público. Pero el echo es que hay numerosos relatos de estas exposiciones y  fueron observados por mucha gente.


Los avistamientos del Jinmenken aún se producen hoy en día. Hay informes de testigos que relatan la velocidad que pueden alcanzar, corriendo al lado de los coches en carreteras y caminos más oscuros, a veces gritando. En la década de los 80, varios testigos afirmaban haber visto un perro con cara humana hurgando en la basura de una zona comercial de Tokio.

Son muchas teorías las que podemos encontrar detrás de estos avistamientos y los relatos acerca del Jinmenken. Algunos creen que los Jinmenken son espíritus de victimas en accidentes de trafico, perros poseídos por demonios o experimentos llevados a cabo en laboratorios. Los más escépticos consideran que el Jinmenken tiene su origen en los macacos japoneses, que se encuentran por todo japón, y que en condiciones poco favorables, podrían parecerse a un perro, ademas, tienen el rostro similar al humano.

Real o imaginario, parece que a traspasado la linea entre el mito y la realidad. Seguramente en algún lugar hay una explicación para estas criaturas.

FUENTE: https://granmisterio.org

miércoles, 23 de mayo de 2018

La maldición de la habitación roja


Cuando hablamos de habitaciones rojas en seguida nos viene a la cabeza la fabulosa serie Twin Peaks, de David Lynch o el conocido grupo indie valenciano, pero en Japón, mucha gente todavía se acuerda de un video que circuló por allá principios del año 2000.

Dice la leyenda: En plena efervescencia del cine de terror japonés y coreano, empezó a aparecer por internet una animación flash en la que dos amigos charlan acerca de una ventana emergente (pop-up) que causa la muerte de cualquiera que la cierre. Uno de los dos amigos, el más escéptico decide investigar y encuentra el video. En su monitor, salta una ventana, y una voz infantil le pregunta “Anata wa suki desu ka” (¿Te gusta? ). Intenta cerrarla varias veces pero la ventana continúa apareciendo, y la voz cambiando a una modulación diferente “Anata wa aka ga suki desu ka” (¿Te gusta el rojo?) para terminar en “Anata wa akai heya ga suki desu ka” (¿Te gusta la habitación roja?). Entonces aparece una lista con diferentes nombres que incluye a su amigo abajo del todo. Cuando todavía no se ha recuperado del impacto, reflejado en el monitor, descubre que hay algo detrás, acechando.

Al día siguiente, hay un rumor en la escuela que dice que dos estudiantes se suicidaron y pintaron de rojo sus habitaciones. El video termina con la imagen del ordenador del amigo escéptico, mostrando su nombre.

Lo divertido (y novedoso) del asunto es que si estás viendo el video y no tienes desactivadas las ventanas emergentes aparecerá en tu pantalla la dichosa ventanita preguntándote aquello de ¿Te gusta el rojo?


Por supuesto no pasa absolutamente nada si se ve el video hasta el final y se cierra la ventana, pero, como decía siempre existe un atisbo de verdad que da sentido a toda leyenda urbana.

El 1 de junio de 2004, una niña de 11 años degolló a una compañera de 12, Mitarai Satomi, en Sasebo, Nagasaki. Dicen que la niña informó que era una fan del famoso video, lo tenía almacenado en favoritos. Se cierra el círculo.

FUENTE: https://creativoenjapon.com

martes, 22 de mayo de 2018

Yamamba


Se hace referencia a Yamamba a un espíritu o demonio que  se encuentra presente en la mitología japonesa. También se le suele conocer como Yama-uba. Por otra parte también se le suele confundir con Yuki-onna que es conocida como la mujer de las nieves, no obstante son dos leyendas muy distintas.

Su origen se debe a historias que surgieron durante la época de hambruna lo que llevó a que muchos aldeanos echaran de sus casas hacia a los bosques a los ancianos. Durante esta época, una aldea cercana conocida como Sabane construyó un puente para poder contener a Yamamba.

Con el transcurso del tiempo la anciana ha servido como inspiración para la creación de distintos juegos Noh. Por otra parte la leyenda se encuentra muy presente en la cultura japonesa. En 1990, llegó a inspirar la última moda en las jóvenes que tomó su nombre como referencia.


Yamamba, una leyenda japonesa que aún hoy sigue estando presente en la cultura de Japón. Se trata de un ser horrible que puede ser capaz de devorar de solo bocado a aquellos caminantes que se han  perdido en caminos o en lo más profundo de las montañas.

La leyenda describe a Yamamba como una anciana atormentada fruto de los abandonos de personas mayores cuando durante una época Japón tuvo escases de comida. Otros dan a conocer que se trata nada más y nada menos que de un demonio de la mitología japonesa y que se encuentra oculto en lo más profundo de las montañas.


Yamamba posee un poder muy peculiar. Y es que es capaz de cambiar su aspecto según el momento en el que se encuentre, un arma que usa cada vez que desea atrapar a su próxima victima. Sin embargo, su verdadero aspecto es descrito como un ser  nauseabundo, una mujer bastante demacrada y con cabello realmente largos. Su boca es tan enorme que es capaz de cubrirle todo el rostro, otros manifiestan que su boca se encuentra en la parte posterior lo que hace que pueda devorar a una persona inmediatamente.

Atrae a sus victimas a través de su aspecto físico, ya que puede lucir bastante atractiva cuando se lo propone e incluso puede llegar a convertirse en un ser capaz de ser amada por todo el mundo. No obstante, lo más común para Yamamba es aparecer de sorpresa a aquellas victimas que deambulan por su zona y alimentarse de ellas.
La leyenda también cuenta que esta anciana era capaz de preparar cualquier tipo de pociones y veneno que nunca fallaban, sin duda una bruja que puede hasta llegar a negociar con cualquier ser humano que se encuentre desesperado por salvar su vida. Yamamba, solo perdona a sus victimas cuando realiza una poción para las mismas o cuando son capaces de traer a varias victimas más en modo de sustitución.


Sin embargo, este aspecto no es cien por ciento seguros, pues todo depende del humor en el que se encuentre Yamamba en aquel momento. Muchos han llegado a asegurar que es ese cambio de humor que puede hacer que en ocasiones sea una persona bondadosa y no atacar a sus victimas.

Esta leyenda surge en Japón durante los años 90 y su nombre es acuñado por los jóvenes japoneses a raíz del surgimiento de una moda. Se conoce como yamamba a aquellas mujeres que usan maquillaje de manera exagerada. Nos referimos a jóvenes que poseen un tipo de bronceado bastante exagerado y con color blanco en la zona de los ojos y labios, como si fuera una mascara. Otra cosa que hacen estas chicas que llegan a decolorarse el cabello hasta alcanzar un rubio platino.

FUENTE: https://www.cuentosdeterror.mx

lunes, 21 de mayo de 2018

El granjero y el Tokaebi


El tokaebi malvado es un cuento que trata sobre un ser despiadado que se divierte comiéndose y dañando los cultivos de arroz. Inspirado en los conocidos ambientes de Corea, el cuento se encarga de dejarnos a todos una pequeña enseñanza sobre las capacidades de un siempre granjero que lucha por conservar lo suyo.

Hace muchos años atrás, en conocido país asiático conocido como Corea, un granjero vivía junto con  esposa a la cual le encantaba cultiva arroz. Una parte de los granos que obtenían era vendido y el otro, se la quedaban para así preparar exquisitos platillos todos los días. Ambos se encontraban agradecidos por las tierras que con tanto esfuerzo poseían, su casa y todo lo demás, hasta que estaban juntos y que eran felices humildemente.

Una noche, ambos se encontraban cenando un plato de arroz con vegetales, cuando escucharon un fuerte ruido proveniente de la parte de afuera. El granjero decidió asomarse por la ventana y se asustó cuando vio que una criatura horrenda estaba destruyendo su cultivo.

– ¡Es un tokaebi! –dijo su esposa algo asustada– ¿Qué haremos? Tengo miedo, se encargará de destruir todo el cultivo.

El granjero tomó todo su valor y decidió salir para plantearle cara a aquel ser tan horrible.

– ¿Quién eres y por qué vienes a dañar mi pobre sembradero a tan altas horas de la noche?– le preguntó– Estas en mis tierras y no eres para nada bienvenido. Así que te invito a que te marches y no regreses más.

El tokaebi se comenzó a reír a carcajadas e hizo que el suelo retumbará debido a los golpes que daba con sus pies.

– ¿Cómo te atreves hablar así? Te crees dueño de todo esto, pero te informo que a partir de ahora son mías. Dime ¿qué harás al respecto?

El granjero comenzó a pensar. Sabia de primera mano que no podía ganarle a aquel tokaebi si usaba la fuerza, con mirarlo sabía que aquel ser horrendo podría derrumbarlo al suelo sin ningún tipo de problema y probablemente lo devorara también. Pero pensó y recordó que aquellos monstruos nunca serian capaces de negarse ante un desafío.


–Para que logremos llegar a un acuerdo, te propongo algo –le dijo–, cada uno le hará una pregunta al otro. Quien dé la respuesta correcta, será a partir de ahora el dueño de todas estas tierras.

–Me parece lo bastante justo –dijo el tokaebi–, comenzaré yo. Dime ¿cuántos vasos de agua son necesarios para poder llenar el océano?

El granjero reflexionó con mucho cuidado y respondió

–Si el vaso es enorme como el mismo mar, solamente uno te bastará. Pero si solo cuentas con la mitad del vaso, entonces deberás de utilizar dos vasos.

Abrumado por aquella respuesta, el tokaebi pensó y llegó a la conclusión que la respuesta de aquel granjera fue lo bastante valida y malhumorado le dio la razón.

–Has ganado esta ronda, humano. Te toca a ti.

–Está bien, ¿voy entrando o saliendo?

– ¿Qué? ¿Qué tipo de pregunta es esa? –dijo el tokaebi bastante confundido– ¿Cómo seré capaz de saber eso?

–Ah, ¿no eres capaz de adivinar? Entonces quiere decir que las tierras son mías –dijo aquel granjero en tono triunfante– Ahora, márchate y no regreses.

Disgustado pero manteniendo su palabra como los demás monstruos, el tokaebi se retiró del lugar y comenzó a irse rumbo a su hogar y nunca más volvió a molestar a aquel granjero. El hombre entró a su casa, feliz de estar con su esposa y vivieron felices por lo que les restó de vida.

Y así fue como aquel hombre se hizo famoso entre todos por vencer a aquella criatura con su ingenio.

FUENTE: https://www.cuentosdeterror.mx/

viernes, 18 de mayo de 2018

LA SOMBRA QUE NO SE FUE


Una tarde Beca trabajaba en su oficina. Nada fuera de lo común. Todo en orden. El escritorio, las sillas, la computadora. Al frente de ella una ventana por la que miraba al fondo del galpón. Los ruidos extraños siempre estaban presentes. Era un lugar de trabajo con muchas máquinas. Ya estaba acostumbrada.

A mano izquierda la puerta principal, mitad de vidrio, mitad de hierro. Ese día en particular se sentía más ruido del normal. El trabajo era incesante fuera de la oficina. El sol entraba por los vidrios de la puerta y se reflejaba en la pared que quedaba a su derecha. El ruido estaba tormentoso. La ponía de mal humos.  Sin querer miró hacia aquella pared. Vio entonces una sombra extraña con forma de cabeza humana. Inmediatamente volteó la mirada hacia la puerta y no había nadie.

Realmente extraño, pero tenebroso. La sombra no se movía, era como si la estuviera vigilando. Se paró entonces con algo de miedo hacia la puerta. No había nadie, ella estaba en lo cierto, pero aún cuando se parara entre la puerta y la pared la sombra seguía estando allí. Se movía, se ubicaba, pero no desaparecía.

Asustada intentó salir de la oficina para llamar a alguien y la sombra se puso frente a ella. Crecía de tamaño, casi la arropaba, no la dejaba salir. Quiso gritar y no pudo. El ruido fuera, en el galpón cesó. Era como si se hubiera quedado sola. Peor aún, sintió que se iba a desmayar.

Poco a poco sin perder de vista a la sombra se sentó nuevamente en su silla. En un momento se dio cuenta que la sombra estaba de nuevo reflejada en la pared. Se le ocurrió esperar que el sol cayera para verla desaparecer. No sucedió. Con la luna la sombra permanecía en su lugar, pero entonces pudo salir. Tenía que ir a descansar.

No le contó a nadie. Al día siguiente al llegar a trabajar apenas se sentó en el escritorio apareció la sombra. Así pasaron los días y se acostumbró a su presencia. No la retó jamás. Se quedó con la sombra que nunca se fue.

FUENTE: http://leyendasdeterrorcortas.net/

jueves, 17 de mayo de 2018

NO PODRÁS DORMIR


Justice era una chica adorable, su belleza era inigualable y su carácter dulce y amable la hacía una de las mujeres más respetadas de su vecindario.

No era extraño cuando la joven salía a ayudar a otras personas, en especial a los ancianos que más lo necesitaban.

Día a día, Justice pasaba por la casa de la familia Norman, en donde solo habitaba Kenzie, una anciana de 70 años a la que todos temían pero que había hecho buenas relaciones con Justice.

Un día, Justice preparó un pastel de manzana y decidió llevarlo a Kenzie, quien amaba comer dulces aunque nunca podía hacerlo.

Justice se emocionó y por primera vez en su vida, la vio sonreír. Esto era algo que la joven no imaginaba.

Un día, pasando por la casa de la amargada mujer, Justice notó cómo la puerta permanecía abierta, algo extraño que hizo que la joven curiosa se acercara.

Al asomarse a la puerta, vio cómo la manilla de esta estaba llena de sangre, esto la atemorizó y al querer entrar, observó cómo un hombre caminaba de un lado al otro en la sala.

Justice trató de huir, sin embargo, esto fue en vano, el hombre la vio y la llamó enseguida, lo más impresionante es que sabía su nombre.

La joven volteó de inmediato y explicó:

-Disculpe, estaba buscando a la señora Kenzie pero veo que no está, volveré luego.

El hombre no dudo en replicar y expresó que necesitaba ayuda.

La señora Kenzie murió –dijo entre lágrimas el hombre.

Justice sabía que quizás ese hombre era el culpable y trató de huir, sin embargo, el hombre la sujetó fuerte y golpeó su cabeza.

Cuando la amable joven recobró el conocimiento, se encontraba atada a una cama junto al cuerpo de la señora Kenzie. En la pared había una nota escrita que decía:

-Serás libre cuando el cuerpo de la señora Kenzie desaparezca. Necesito que la cuides o sino el espíritu de ella vagará por esta casa para siempre.

Entre lágrimas Justice miró el cuerpo que yacía sin vida a su lado y se dio cuenta que no se trataba de la señora Kenzie, era su abuela quien se encontraba en su lugar.

FUENTE: http://leyendasdeterrorcortas.net

miércoles, 16 de mayo de 2018

MÚSICA SIN FIN


Los Mitchels eran una familia grande y muy unida. Cada sábado todos se reunían en la casa de Máximo Mitchels, el mayor de la familia, para comer juntos y compartir momentos agradables en donde la música siempre estaba presente.

Desde el más pequeño hasta el más grande disfrutaba de cada nota y bailaban hasta amanecer. Todo el vecindario conocía a los Mitchels, incluso algunos envidiaban la alegría que vivían, esto fue el comienzo del fin de la familia más feliz que cualquiera pudo conocer.
Los hijos de Máximo Mitchels iban a un mismo instituto, aunque cada uno estudiaba en un salón distinto, a la hora del descanso se reunían para comer juntos. La relación era tan fuerte que incluso podía parecer enfermiza.

John Taylor, un joven estudiante del instituto donde asistían los Mitchels, reunió a un grupo de jóvenes que en secreto odiaban a los hermanos Mitchels.
-Los convoco aquí porque estoy cansado de los Mitchels y creo que no soy el único en esta sala que siente lo mismo. –expresó con furia, Taylor.

-¡Los odiamos! –respondieron el resto de los chicos al unísono.
-Creo que debemos hacer algo. Estos chicos solo fingen estar felices todo el tiempo y creen que nos engañan. Propongo que esta noche nos juntemos frente a su casa y hagamos algo. –dijo con determinación, el líder de lo que sería algo terrible.

Así hicieron, esa noche, mientras los Mitchels estaban reunidos, los jóvenes con malas intenciones se reunieron fuera de la casa y subieron al techo. Por la chimenea introdujeron juegos pirotécnicos que en menos de 10 minutos iniciaron un gran incendio en el interior de la casa de los Mitchels. Los maleantes huyeron, cuando los Mitchels trataron de escapar, esto fue en vano pues las puertas no abrían. En pocos minutos la casa se incendió por completo con la familia dentro, mientras el incendio acababa con todo, la música no paraba de sonar. Los bomberos no llegaban y al hacerlo ya era muy tarde. nAunque trataron de investigar quién causó el incendio, fue imposible. Ahora, 10 años después, cada noche la música se enciende en las ruinas de la casa de una familia feliz que murió entre las llamas.

FUENTE: http://leyendasdeterrorcortas.net

martes, 15 de mayo de 2018

LA FOTO


Dormir se ha convertido en algo sumamente angustioso para mí, mi cuerpo se rinde ante la falta de energía, no me puedo concentrar, la comida me sabe mal, las letras en el ordenador comienzan a bailar y burlarse de mis ojeras. En ciertos momentos decido arrastrarme hasta la cama, quitarme la ropa, dejar que mis pies sientan el frio del piso por un momento para enrollarme en las sabanas y obligarme a cerrar los ojos.

Coloco el celular en silencio, pero con una muy ruidosa e incómoda alarma que me traerá a la vida una vez se hayan cumplido las estrictas 5 horas que puedo cumplir con este martirio. La primera vez que sufrí parálisis del sueño fue la peor noche de mi vida. Ese día volví a caer en el vodka, quería olvidar desesperadamente a ese horrible hombre que se acercaba y me tocaban con una mórbida y sádica admiración, como si estuviera interesado en comerme.

Me acaricia el rostro, me muestra sus largos y blancos dientes, lo que hace resaltar lo oscuro de su figura. Yo sé que me mira fijamente, aunque no puedo ver sus ojos. Acaricia mi cuello, mi pecho, mi ingle, mis piernas, con la fascinación de un violador. Sus manos frías y sus dedos afilados son agujas rozando mi piel, cada noche vuelve a atormentarme. El único consuelo que tengo es que solo es un sueño, pero todo es demasiado agotador.

La estrepitosa alarma me liberó de mi celda mental. Froto mis ojos para terminar de despertarme, estiro la mano hacia el teléfono para poder apagar la alarma. La galería de fotos está abierta y la miró detenidamente y me doy cuenta de que hay al menos cincuenta fotos muy oscuras, parecía un error del sistema.

Tras detallar el cuadro negro: era yo dormido.

FUENTE: http://leyendasdeterrorcortas.net/

lunes, 14 de mayo de 2018

EL MISTERIO DEL BAR


Erase una vez un hombre de traje, que todos los días a la misma hora pasaba por el bar de un pueblo, se tomaba un trago de whisky y se quedaba horas allí mirando a su alrededor, tenía unos meses haciendo esta rutina  y todos los lugareños decían no conocerlo, pero la verdad su aspecto era intimidante, por lo cual nadie se atrevía a preguntar nada que lo fuera a incomodar, con el hecho de hacer molestar a este hombre que realmente con su forma de expresarse y verse podía intimidar a todos los que allí se solía encontrar.

Un día como cualquier otro este misterioso hombre entro al lugar, y al querer tomar asiento en su  lugar donde lo hacía sin buscar en otro lugar se percata de que alguien más lo ocupa, se acerca por la espalda y dispone a tocar el hombro de esta persona al voltearse se da cuenta de que es otro visitante, que como él no pertenece a ese lugar entonces decide otro lugar ocupar sin mediar palabra  cruzar con aquella nueva persona que estaba recién  llegada albar, todos los presencian esto se quedan sin entender nada, cuando de pronto el nuevo se dispone acercase para sociabilizar.

Todos expectantes de lo que ocurrirá se quedan a la espera de ver más, y luego como quienes no entienden nada se quedan sorprendidos al mirar entre aquellos dos hombres un abrazo que en cierto modo denotaba que se conocían  y apreciaban lo más loco de todo esto, es que después de esto cada uno se fue del lugar decir palabra alguna.

La única moraleja que de esto se puede sacar es que no debes pretender que conoces a alguien cuando solo has visto quien es en el exterior, los tesoros son como los abrazos no se le dan a cualquiera.

Aunque a veces estos pueden hacer la diferencia.

FUENTE: http://leyendasdeterrorcortas.net

viernes, 11 de mayo de 2018

Los fantasmas más destacados de la historia del cine.


Las películas de fantasmas son de las que más hacen las delicias de los espectadores aficionados al terror, pero sólo un puñado merece la pena verlas.

Por alguna razón que quizá se nos escape, parece que a la mayoría de los cineastas que se acercan al género les resulta muy complicado realizar una película de terror, ya no de gran calidad, sino sencillamente pulcra. Se pierden por costumbre en los tópicos, la inverosimilitud o la innecesaria truculencia, y esto ocurre muchas veces incluso en ese subgénero temático tan querido y tan sugerente como es el cine de fantasmas.


Los espíritus de la gran pantalla

La primera película de terror de la historia es la inevitablemente tontorrona Le manoir du Diable, rodada en 1896 por ese imaginativo mago que era Georges Méliès, y aunque la trama principal le corresponde al Diablo y a sus prácticas vampíricas, también aparecen cuatro espectros conjurados por el mismo, lo que la convierte, además, en el primer filme de vampiros y de fantasmas. Pero la primera obra sobre estos últimos a la que se suele valorar fue una española dirigida por Edgar Neville en 1944, La torre de los siete jorobados, que adaptaba la novela homónima de Emilio Carrere, que de escalofríos no tiene nada y que hoy se siente de lo más ingenua y envejecida.

Dead of Night es una decente película de cuatro episodios terroríficos y uno cómico, envueltos en una curiosa narración mayor y realizados en 1945 por Alberto Cavalcanti, Charles Crichton, Basil Dearden y Robert Hamer, que adaptan cuentos de escritores como H. G. Wells. Dos de los episodios tratan directamente sobre fantasmas, y en al menos otros dos podría considerarse que interviene algún fenómeno fantasmal. En uno de ellos, por otro lado, nos topamos con el que tal vez sea el primer precedente de los posteriores niños espectrales que nos han dado tan mal rollo en otros filmes; por no hablar, de paso, del episodio centrado en el probable padre de todos los muñecos malvados del celuloide.


Pero no hay que engañarse: los espíritus no han aparecido solamente en el cine de terror, sino también en dramas, simples intrigas y hasta comedias. De hecho, la siguiente película de esta temática que se distinguió fue The Ghost and Mrs. Muir, una simpática comedia dramática rodada por Joseph L. Mankiewicz en 1947 según la novela de R. A. Dick, que era el seudónimo de la escritora irlandesa Josephine Leslie. Y luego llegó el horror elegante y comedido de The Innocents en 1961, que adaptaba una célebre novela de Henry James, The Turn of the Screw, con Jack Clayton a la cabeza, y que introduce el elemento del frío sentido por los personajes cuando un fantasma está presente y el de su posesión de un humano vivo.

La característicamente lenta Kwaidan, de Masaki Kobayashi, se produjo en 1964, otro filme de episodios oscuros, basada en los relatos del griego Lafcadio Hearn y en cuya Mujer de la Nieve se puede ver un precursora de las que pueblan lo que treinta años después se conocería como j-horror, el exitoso nuevo cine de terror japonés. Luego, Kaneto Shindô dirigió Kuroneko en 1968, bastante más dinámica que Kwaidan pues va muy al grano, pero con similar aspecto onírico, el mismo recurso a los juegos de luces y sombras y nuevas mujeres fantasmales, además de un pequeño gran problema de verosimilitud, una desacostumbrada sensualidad en una de sus secuencias y, también, la gelidez espectral.


The Legend of Hell House, con la que John Hough adaptó una novela de Richard Matheson en 1973, se malogra en el desenfreno. Y la ya típica trama de una familia con hijos que se muda a una casa encantada, donde casualmente se experimenta una sensación de frío, tiene su primer ejemplo más recordado en la fallida The Amityville Horror, elaborada por Stuart Rosenberg en 1979, la cual cuenta con otro caso de posesión y un perro que siente el mal espiritual. Se la pega por un mal guion con dos callejones sin salida, y ha generado hasta ahora otras trece películas sobre el caso pretendidamente real, pero fraudulento, que relata, incluyendo un remake de Andrew Douglas igual de olvidable en 2005.

El querido John Carpenter aportó su granito de arena en 1980 con The Fog, que posee un intrigante prólogo, pero resuelta elemental y escasamente desarrollada; y los seres sobrenaturales de su historia son un extraño híbrido entre zombis y aparecidos cuya presencia, de nuevo, hace bajar la temperatura del ambiente. Rupert Wainwright se encargó de un remake en 2005, más desarrollado pero sin explicaciones satisfactorias y puntos que chirrían y se lo cargan.


El mismo año que la original, por otra parte, se estrenaron otras dos películas de fantasmas muy reconocidas: The Changeling, de Peter Medak, otra mudanza con una escalada de tensión de lo minúsculo a lo más desasosegante y un espectro infantil haciendo de las suyas, y sobre todo, The Shining, dirigida por el gran Stanley Kubrick, que adapta la perturbadora novela homónima de Stephen King de forma inolvidable, con escenas de tal intensidad que se le quedan a uno en la retina para siempre y la precisión milimétrica que es propia de este cineasta pero enfocada en el horror más absoluto.

El año 1982 nos trajo Poltergeist, de Tobe Hooper, un filme coguionizado por Steven Spielberg al que se recuerda por las escenas espeluznantes que contiene y algunos personajes icónicos, como la niña Carol Anne, encarnada por Heather O’Rourke, y Tangina Barrons, la anciana vidente con la cara de la peculiar Zelda Rubinstein. Su secuela, Poltergeist 2: The Other Side, realizada por Brian Gibson en 1986, se perdió en el exceso, y el cierre de la trilogía que nos dio Gary Sherman en 1988, Poltergeist 3, es lo suficientemente imaginativa como para lamentar que sea tan subestimada. El remake de Gil Kenan, estrenado en 2015, es inferior pero decoroso, con nuevas bajadas de temperatura en presencia de espíritus, y digamos que resume la trilogía con elementos de las tres películas.


El subgénero fantasmal volvió a la comedia con la añorada Ghostbusters, de Ivan Reitman, en 1984, placentera pero bastante limitada. Tuvo una continuación en 1989, Ghostbusters 2, en la misma línea; la tercera entrega que fué un lamentable regreso donde echaron todo a la basura pero que reformula el mismo planteamiento con la dirección de Paul Feig.

La impostadísima, absurda y poco menos que irritante A Chinese Ghost Story apareció en 1987, cuyas mujeres espectrales recuerdan a las de Kuroneko, y la responsabilidad de su total falta de gracia es, sobre todo, del realizador Ching Siu-tung, que adaptó el relato de Songling Pu de manera muy torpe. Y completamente diferentes son, en ese sentido, dos filmes de 1988: la gamberra e hilarante Scrooged, versión de Richard Donner de A Christmas Carol, la afamada novela que escribió Charles Dickens, y la surrealista Beetlejuice, a cuya oscura y excéntrica naturaleza ya le gustaría regresar hoy a Tim Burtonen donde ya se anuncia próximamente la secuela.


Poca gente sabe que a Ghost, el popular drama romántico de fantasía dirigido por Jerry Zucker en 1990, le salió un remake coreano de Tarô Ohtani en 2010, Gôsuto, como un forúnculo insufrible. Mientras la primera resulta emotiva, graciosa cuando debe y a veces alarmante, la segunda es un tostonazo sentimentaloide que haría perder la paciencia al más curtido espectador.

Quizá el ejemplo más famoso de invocación fantasmal sea Candyman, con la dirección de Bernard Rose en 1992, de la que lo único apreciable es la banda sonora de Philip Glass. Y nada que ver con ella tiene la complaciente Casper, que adaptó en 1995 la serie de cortometrajes de animación protagonizados por el fantasmilla infantil entre 1945 y 1979, con la dirección de Brad Silberling y un divertido cameo del cazafantasmas Ray Stantz, al que interpreta Dan Aykroyd. Y en 1996, unos años antes de saltar a la fama, Peter Jackson rodó The Frighteners, una comedia sobrenatural que acaba en un gozoso espectáculo terrorífico, agraciada con una envidiable tensión ascendente y la inspirada banda sonora de un compositor tan oportuno como Danny Elfman.


1999 fue señalado en cine fantasmal. Se estrenó The Haunting, obra de Jan de Bont que adapta por segunda vez una novela de Shirley Jackson, The Haunting of Hill House, tras la película homónima que Robert Wise rodó en 1963. Ambas, que además recurren al elemento de la frigidez espectral, consiguen producir la inquietud que se requerían, pero sólo los medios con que contó De Bont le permitieron afianzar la idea de la casa como ser viviente e, incluso, cierto saludable surrealismo; si bien la de Wise tiene la valentía, para su época, de introducir el ingrediente de la homosexualidad femenina en la trama. David Koepp, por su parte, hizo algo más que inquietarnos con el frío espiritual en la competente Stir of Echoes, adaptación de otra novela escrita por Richard Matheson.

La sangrienta y algo infravalorada House on Haunted Hill, de William Malone, un remake de aquel patético filme que realizó su tocayo Castle en 1959, justo cuarenta años antes, pese a los toques desagradables y un final que chirría un poco, posee varias secuencias potentes que no se deben ignorar y un matrimonio de anfitriones, interpretados por Famke Janssen y el gran Geoffrey Rush, que son pura dinamita. Contó con una pésima secuela de Víctor García en 2007, Return to House on Haunted Hill. Y Tim Burton que adapta el cuento de Washington Irving sobre el Jinete sin Cabeza en una de sus películas realmente conquistadoras, la oscura, emocionante, despiadada, barroca y entretenidísima Sleepy Hollow.


Pero si hubo ese año alguna que dejara patidifusos a los espectadores del mundo entero, esa fue The Sixth Sense, con la que el nombre de M. Night Shyamalan alcanzó poco menos que la gloria. El filme, de nuevo con la gelidez espectral, hace principal el elemento del niño que interactúa con espíritus, lo que ya habíamos visto en The Ghost and Mrs. Muir, The Innocents, The Amityville Horror, The Shining, Poltergeist y Stir of Echoes, pero aquí ocurre más en la línea del rodado por Kubrick, y el resultado es un minucioso, impasible, estremecedor y finalmente sorpresivo relato de fantasmas que se encuentra entre lo mejorcito del género.

No se puede decir tanto de Ju-on, la segunda película más recordada del nuevo j-horror, que dirigió Takashi Shimizu en 2000 y que, como su remake estadounidense en 2004 del mismo Shimizu, The Grudge, no va a ninguna parte, y su planteamiento es tristemente similar al de Ringu, con una malvada mujer espectral y, no obstante, un niño de adjunto. En 2001, Steve Beck condujo la injustamente denostada Thirteen Ghosts, otro remake homónimo de un humilde y fallido filme que Castle produjo en 1960 y en el que una misma escena muestra el frío por la presencia de un espíritu y unas plantas que se marchitan.


Los otros es, quizá, la mejor obra cinematográfica del género, un gozoso juguetito narrativo levantado por el español Alejandro Amenábar en 2001, con ecos de The Innocents, precisamente varias vueltas de tuerca y una factura delicada, rotunda, hipnótica y, al final, impresionante: funciona como un reloj, y el recuerdo de la experiencia que supone su primer visionado ya no nos abandona jamás por mucho tiempo que transcurra.

El vigoroso Gore Verbinski se ocupó de la adaptación estadounidense de la novela japonesa que dio origen a la fiebre del j-horror, escrita por Kôji Suzuki y ya adaptada en su país por Hideo Nakata en 1998 con Ringu. Y hay que decir que la versión de Verbinski, The Ring, es infinitamente superior en todos los sentidos, hasta el punto de que puede tratarse de la última gran película de terror. Ringu, aceptable pero un tanto frágil, palidece ante la sinfonía opresiva que construye Verbinski, mucho más espeluznante, coherente y detallista, apuntalada por la rica partitura de Hans Zimmer, y que, además, cuenta con otro animal al que le asusta el mal espiritual, un caballo, como en la versión de The Haunting de Wise.


Los japoneses habían vuelto a las villanías de las mujeres fantasmales, y no podían desaprovechar el filón, así que estrenaron a la vez esa exasperante secuela sin pies ni cabeza de Joji Iida que es Rasen, la cual traiciona y destruye la esencia de la original; y en 1999, Nakata quiso arreglar el entuerto con Ringu 2, otro sinsentido que, en cualquier caso, posee la escena más inquietante de la saga japonesa. Ringu 0: Bâsudei, de Norio Tsuruta, llegó en 2000, una precuela innecesaria que se presenta bien pero pierde el rumbo. Luego, el propio Nakata asumió dirigir la secuela estadounidense en 2005, The Ring 2, su mejor aporte a esta historia, inferior a la de Verbinski pero de verdad aterradora. Y este 2016 se estrenará Rings, el tercer filme estadounidense, obra del español F. Javier Gutiérrez.

En 2007, Amenábar apadrinó el debut en el largometraje de Juan Antonio Bayona, El orfanato, una película con los fantasmas infantiles más incómodos de los últimos tiempos, y con alguna escena ingeniosa capaz de destrozarnos los nervios a base de bien. Cosa que no logran ni The Conjuring, el digno filme que James Wan estrenó en 2013 y que hace principal el elemento de los videntes e investigadores que acuden a lugares encantados, como ya habíamos visto en The Haunting, The Legend of Hell House, The Changeling, Poltergeist, Ghostbusters, The Frighteners, Los otros y la misma El orfanato, ni Annabelle, su lánguido e inconsistente spin-off de 2014, realizado por John R. Leonetti.


Pero la secuela, The Conjuring 2: The Enfield Poltergeist, también de Wan en 2016, supera a la anterior y nos atemoriza de veras con muy buenos modos. No así otra bastante reciente, The Other Side of the Door, de Johannes Roberts, que mezcla cierta estética asiática de algunos espectros con una historia de aparecidos de corte clásico y, pese a sus apreciables intenciones y correcto desarrollo, termina cayendo por la pendiente de la truculencia innecesaria y no se recupera en su inteligente golpe final. Como muchas otras que no merece la pena mencionar aquí; baste esta relación de los fantasmas más destacados de la historia del cine.

FUENTE: https://hipertextual.com