martes, 14 de mayo de 2019
Espíritu de "El Peloncito" ronda por la Universidad.
Mitos, leyendas e historias de terror que se cuentan en Hermosillo
Yoanna Romo
Por años, habitantes del Hermosillo antiguo aseguraron que el espíritu de “El Peloncito”, un niño asesinado por soldados franceses en 1862, deambulaba por las inmediaciones de la ciudad, hoy la plaza Emiliana de Zubeldía.
El Cronista de la capital de Sonora reveló que esta leyenda local surgió derivado de la historia del pequeño Narciso Mendoza, un niño que se encontraba con los arrieros que pasaban por la localidad en esa época.
Ignacio Lagarda Lagarda contó que los arrieros que traían productos de la Costa acampaban en un terreno baldío ubicado en las afueras de la ciudad, actualmente el cruce de los bulevares Rosales, Rodríguez y Luis Encinas.
Mientras el menor se encontraba ahí, mencionó que los soldados franceses que invadían Hermosillo en ese año lo asesinaron, y las personas que lo acompañaron decidieron enterrarlo en ese lugar a la orilla del pueblo.
“Ese niño era ayudante de los arrieros, a partir de su muerte creció la leyenda de que se aparecía en ese lugar, le decían ‘el peloncito’ y desde ese entonces al barrio se le llamó ‘barrio del peloncito’, la leyenda cuenta que ahí se aparecía el niño y asustaba mucho a la gente”, resaltó.
FUENTE: https://www.elsoldehermosillo.com.mx
lunes, 13 de mayo de 2019
Los fantasmas de Jaén.
Cuenta la leyenda que en el antiguo barrio de La Magdalena, en la ciudad de Jaén, había un importante manantial. En él vivía un lagarto de considerables dimensiones que se alimentaba de las personas que iban hasta el lugar a buscar agua. Los vecinos le tenían medio y, un día, un preso se propuso para enfrentarse al animal a cambio, eso sí, de que le perdonaran la vida.
Sobre un caballo en el que portaba un cordero, se acercó al manantial hasta que el reptil comenzó su ataque, momento en el que el reo escapó gracias a la velocidad de su caballo. En la persecución el bravo contrincante lanzó el cordero al saurio, que lo comió de un bocado. Lo que no sabía es que en su interior llevaba una yesca encendida que le hizo reventar y, por fin, la población pudo respirar tranquila.
Ésta es una de las muchas leyendas que aún perviven en Jaén. Fábulas que se han transmitido mediante la tradición oral de generación en generación y que han convertido a la capital de la provincia en "la más misteriosa de las Andalucías".
"Es una ciudad muy antigua y quizás por eso hay mucho mito respecto a diferentes cuestiones que han sucedido a lo largo de su historia", explica Rafael Cámara, responsable de la asociación IUVENTA, que organiza cada año unas jornadas sobre las leyendas de Jaén en diciembre y también una serie de actividades diez días antes del 2 de julio, cuando se celebra el día oficial del lagarto de la Magdalena.
Los orígenes de las leyendas
"No son hechos reales, pero sí hay un trasfondo histórico muy importante", subraya Cámara, que explica que sus orígenes son diversos. "Muchas tienes un porqué: desprestigiar a parte de la población, dar un halo mágico a un objeto religioso, un interés de evadir los impuestos de las aduanas...", cuenta este experto de la cultura jiennense.
El lagarto de la Magdalena es la historia principal, que tiene origen en las leyendas indomesopotámicas relacionadas con dragones y que, no se sabe muy bien cómo, llego a ser de gran importancia en Jaén. Tanto, que la bandera que se podía ver en los pendones cristianos tras la toma de la ciudad tenía un gran dragón en su escudo.
Hoy, una pequeña fuente rinde homenaje al lagarto en la judería jiennense, cuya historia forma parte del los Tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial de España declarados como tales por el Bureau Internacional de Capitales Culturales. Algunas empresas turísticas locales, como Claritas Turismo, la Asociación provincial de guías turísticos y Arqueonatura, organizan rutas relacionadas con estas fábulas que, además, permiten conocer a fondo el patrimonio local, ya que casi cada monumento tiene su propia leyenda.
Otras muchas leyendas fueron recogidas hace cinco años por Manuel Rodríguez Arévalo en el libro Leyendas del Santo Reino de Jaén, que incluye casi 300 historias relacionadas con los municipios de la provincia, medio centenar de ellas ubicadas en la capital jiennense. "Fue un trabajo de campo, de ir pueblo a pueblo preguntando", recuerda el autor, que cree que las fábulas también están ayudando a conocer el patrimonio de Jaén, "ya que muchas de ellas están ligadas a lugares históricos como castillos o palacios de hace varios siglos".
De hecho, otra leyenda lleva hasta los Baños Árabes, muy cerca de la Fuente del Lagarto. Ubicados en el subsuelo del Palacio de Villadompardo, son los más grandes y mejor conservados de Europa.
Allí se cuenta que murió el rey musulmán Alí en circunstancias que varían según la fuente. Una historia cuenta que falleció de calor un mediodía cuando fue encerrado en el hamman por sus asesinos y, por eso, su fantasma se pasea a esa hora cada día por las instalaciones emanando energía negativa. Por este motivo, según la leyenda, el recinto sufre diferentes cambios buscos de temperatura sin motivo aparente, y cámaras fotográficas o teléfonos móviles se quedan de repente sin batería.
Otra versión dice que Alí fue apuñalado junto a una columna de la sala templada de los baños, añadiendo que, desde entonces, dicha columna emana calor e incluso energía positiva.
No muy lejos, camino de la Catedral por la calle Almendros Aguilar, otras dos leyendas apuntan al Arco de San Lorenzo, hoy la única parte que queda en pie de la iglesia del mismo nombre. La primera habla de que ahí se veló el cuerpo de Fernando IV, que murió a causa de una maldición de los hermanos Carvajal, de Martos, a los que ajustició un mes antes lanzándolos al vacío por una peña de dicha localidad.
La leyenda del Padre Canillas
La segunda historia relacionada con el Arco de San Lorenzo relata que una fría y oscura noche, un joven se encontró a un sacerdote que le pidió ayuda para oficiar una misa en el templo y aceptó el encargo. En un momento dado, durante la preparación, pudo observar que, bajo la sotana, sólo había hueso: estaba junto a un esqueleto viviente. El hombre salió de allí asustado a toda prisa. En su huida, se cruzó con otro clérigo en la Plaza de la Merced, al que le contó su historia. Tras escucharla, el religioso levantó parte de sus ropajes: "¿Huesos como estos?", le dijo, lo que terminó de hacer entrar en pánico al vecino de Jaén y constituye la base de la leyenda del Padre Canillas. Hoy el Arco de San Lorenzo se puede visitar, aunque ningún turista ha vuelto a hablar con ningún esqueleto.
Unos metros más al sur, la peatonal calle Maestra pasa por delante de la bonita Casa del Reloj para adentrarse en la Plaza de Santa María, donde se levanta la imponente Catedral de la Asunción, cuyos trabajos dirigió el maestro Andrés de Vandelviria.
En su subsuelo se dice que existió la cueva que albergó la Mesa de Salomón, que se dice guarda el nombre secreto de Dios y que quien la posea tendrá poder absoluto sobre el mundo aunque, por ahora, nadie lo ha encontrado.
Un regalo memorable
Un poco más arriba, en la capilla mayor, se guarda el Santo Rostro. Se trata de un relicario de piedras preciosas con una imagen de gran devoción popular en Jaén que, según dicen los evangelios apócrifos, es uno de parte de la tela con que Verónica limpió el rostro de Cristo cuando se encaminaba hacia el monte Calvario con la cruz a cuestas.
Dice la leyenda que el lienzo llegó a Jaén desde Roma cuando el obispo de la ciudad andaluza viajó a lomos de un diabillo hasta la capital italiana para avisar al Papa de que, si no se arrepentía de sus pecados antes de morir, acabaría en el infierno. El pontífice consiguió arrepentirse a tiempo y, a cambio, le regaló el Santo Rostro que, desde entonces, permanece en Jaén guardado bajo siete llaves.
En el templo también se encuentra la talla de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Se cree que es un trabajo realizado entre los siglos XVI y XVII, aunque otra leyenda dice que fue obra de un campesino. Se cuenta que, cuando estaba cerca de Jaén, ya cansado, pidió alojamiento a un labrador y su familia, que le atendieron con hospitalidad. A cambio, les propuso crear una escultura con un gran madero, trabajo que realizó durante una sola noche y que supone el primer milagro de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
A espaldas de la Catedral se encuentra el Palacio de los Vélez, que en su día perteneció a una adinerada familia jiennense, que encerró a su hija en un torreón después de descubrir sus amoríos con un joven plebeyo que trabajaba como criado en la casa. Levantaron un muro en la puerta y olvidaron a la joven para siempre.
Siglos después, dicen que el fantasma de una mujer hermosa rubia y de ojos claros sigue vagando por las estancias del palacio buscando a su enamorado al que, a pesar de los siglos transcurridos, nunca ha podido olvidar.
Bajando por la calle Bernabé Soriano se llega hasta la Plaza del Pósito, donde sitúa la tradición a un duelo por amor. En él se enfrenaban el capitán Don Diego de Osorio y el hidalgo Don Lope de Haro: el primero había matado a su mujer tras haberse arruinado y el segundo quiso vengarla por ser su amor de juventud.
De Haro ganó la contienda, clavando su espada hasta la empuñadura en su rival y recitando un Padre Nuestro mientras le veía morir. Dicen que, desde entonces, cada año y en el aniversario de tal día, el fantasma de Lope de Haro vuelve a la Cruz del Pósito para recitar la oración.
El Castillo de Santa Catalina y sus alrededores son también escenarios de algunas otras leyendas, como la de la fuente del Caño Quebrado, que se ubica junto a la carretera que da acceso al monumento. En ese punto se dice que encontraron el cadáver de Omar, un joven que gobernaba Jaén. Fue tal la tristeza que la noticia infligió en su esposa, Zoraida, que la mujer no pudo superar su pena y, un día, la encontraron muerta en el mis lugar que habían hallado el cuerpo de su amado. Justo desde el momento en que se produjo su fallecimiento, comenzó a brotar agua de la montaña agua que, se dice, son las lágrimas de Zoraida por la muerte de su amado.
Ya en la fortaleza, los fantasmas vuelven a ser los protagonistas de otras dos leyendas que se sitúan en esta bonita fortaleza que, originalmente, fue un asentamiento íbero para, después, sufrir remodelaciones a cargo de los romanos, los árabes, los castellanos y las tropas francesas durante la ocupación de comienzos del siglo XIX.
A su lado se ubica el Parador de Turismo, que se construyó sobre el viejo alcázar árabe, el único establecimiento de la red de paradores que cuenta con una reclamación por la existencia de un fantasma en la habitación 22. Allí, se dice que un cliente se despertó por los gritos y llamadas a su puerta de una mujer que, cuando abrió, no estaba. El hecho que fue analizado incluso por Iker Jiménez en su programa Cuarto Milenio.
No es el único fantasma de este alojamiento, ya que la tradición dice que el alma de un preso que murió en el viejo castillo aprovecha las tardes de sobremesa para adoptar la forma de los clientes del Parador.
En el cerro donde se levanta lo que queda de castillo existe una gran cruz de hormigón que, originalmente, fue de madera. Sin embargo, cuenta la tradición que la primera que existió la colocó un soldado del rey Fernando III que, tras la toma de la ciudad en la primavera de 1246, hincó su espada en la tierra en ese mismo punto. Parecía una cruz y el símbolo gustó al monarca, que decidió que, desde entonces, siempre hubiera una cruz en este punto de la montaña.
Muchas han sido las cruces instaladas desde entonces, de hierro o madera, que han sido derribadas por el viento hasta que, a mediados del siglo XX, se colocó la actual de hormigón.
El símbolo religioso también tenía como objetivo homenajear a Santa Catalina de Alejandría, que -según cuenta otra leyenda- se apareció en sueños a Fernando III cuando tenía sitiada Jaén. En ellos, le entregaba unas llaves y, al despertar, el rey interpretó que eran las de la ciudad, por lo que dispuso a sus tropas para la batalla y, poco después, el rey Alhamar se rendiría retirándose al Reino de Granada.
FUENTE: https://www.eldiario.es
viernes, 10 de mayo de 2019
Un fantasma muy elegante, El Conde del Centro.
Mitos, leyendas e historias de terror que se cuentan en Hermosillo
Leonardo Rodríguez
El Centro de Hermosillo es un lugar que guarda cientos de historias, miles, día a día la gente camina por sus calles dejando recuerdos, alegrías, tristezas, decepciones, tratos concluidos y asignaturas pendientes.
Esta historia va de esto último, cuando una asignatura pendiente no se cumple antes de que llegue a muerte, dicen, es cuando nace un fantasma. Los fantasmas son, entonces, personas que murieron de pronto y dejaron pendientes en este mundo.
Le llamaban El Conde, Gustavo Peralta García era su nombre en vida y a principios del siglo vivió formando parte de la clase alta de esta ciudad del Norte, por lo que, debido a su elegancia le dieron el pintoresco apodo mencionado. El Conde, le decían, aunque aún hay quienes afirmen que no era tanto por eso como por otras cosas.
Algunos muy ancianos, se atreven a afirmar que en los primeros años del 1900 los alzados de “La Bola” o revolucionarios, llegaban a las casas y a balazos sacaban provisiones para mantener su guerra, por lo que los más ricos eran sus presas.
Cuando esto sucedía, El Conde era un pequeño, por lo que su madre llamaba a las sirvientas “Conde al niño en el túnel”, “Córrele conde al niño”, les gritaba para que lo escondieran, por lo que fue quedándose el apodo. Cualquiera de las dos puede ser cierta.
El punto es que Don Conde vivía holgadamente en una de las casas más bellas de Hermosillo, donde muchos pasamos diariamente sin saber siquiera de su historia.
Justo donde ahora se hallan la Radio del Estado, el Colson y el ISC estaban las mansiones de un hombre de dinero, los viejos edificios donde ahora los empleados trabajan diariamente eran sus aposentos y justo ahí, en la radio, sucedió su tragedia.
Donde ahora está el patio de Radio Sonora había antes una alberca y un día, estando ésta vacía, El Conde cayó, causándose un gran daño que le costó la vida.
Las causas del accidente se pierden, como mucho de su historia en los mares del tiempo, tiempo que a la larga acaba por borrarlo todo, que en su debido tiempo nos borrará a nosotros y todo lo que hagamos.
Desde entonces, se dice, algo se mueve escondido y de noche en esos muros. La sombra de un hombre merodea los pasillos y por las noches cosas raras ocurren.
Las casas viejas y enormes suelen guardar secretos, una muerte violenta, una mano homicida, un trabajo pendiente… algo mantiene al hombre en esta tierra hasta hoy.
¿Quiénes lo han visto? Varios, en las cabinas de radio, en las oficinas, en los patios, arcos, pasillos y techos la presencia de un hombre muerto hace casi ya un siglo persiste en los rincones de la que fue su casa, junto a varios fantasmas que se mueven de noche por las calles del Centro buscando concluir con los pendientes.
FUENTE: https://www.elsoldehermosillo.com.mx
jueves, 9 de mayo de 2019
Asesinatos, canibalismo y dos barcos congelados: la tenebrosa leyenda de los "129 fantasmas de hielo" del Ártico.
La historia de los buques Erebus y Terror sirvieron para miles de leyendas. Qué ocurrió con los navíos y sus 129 "fantasmas de hielo"
Los restos del Erebus y el Terror fueron hallados en 2014 y 2016 respectivamente (AMC)
173 años atrás, dos de los mejores buques de la Royal Navy del Reino Unido se lanzaban a una misión única. El RMS Erebus y el RMS Terror debían encontrar un pasadizo en el Ártico que pudiera unir Europa con Asia, pasando por lo más nórdico de América, entre el Atlántico y el Pacífico. Una expedición riesgosa, que se adentraría en lo más misterioso de una región apenas explorada.
El 19 de mayo de 1845, los marineros, oficiales y capitanes se despidieron de sus familias con la promesa de volver. Lo hicieron en el pintoresco puerto de Greenhithe en busca del aún desconocido Paso del Noroeste. Los lideró John Franklin, secundado por los comandantes James Fitzjames, en el Erebus y Francis Crozier, en el Terror.
Bajo su mando, 126 hombres. Valientes, aguerridos, aventureros. Nunca imaginaron que serían recordados como los "fantasmas de hielo congelados en el tiempo", como los llamó el periodista Iker Jiménez, especialista en la leyenda.
Franklin ya había intentado otras dos veces hallar el paso. Sin éxito. Incluso la segunda terminó en tragedia. De los 20 expedicionarios que partieron desde Inglaterra, solo regresaron 9. Entre ellos, él, quien sería luego conocido como "el hombre que se comió sus botas". Es que para sobrevivir, esos valientes marinos debieron recurrir a todo tipo de acción. Desde alimentarse con los cueros de sus ropas, hasta… practicar el canibalismo con quienes iban muriendo.
Pero Franklin estaba obsesionado con esa expedición y consiguió que las autoridades se fijaran una vez más en él para el viaje de 1845, junto con Fitzjames y Crozier y otros 126 hombres de mar. Jamás retornarían y nada más se sabría sobre ellos. Solo leyendas, mitos e historias incomprobables contadas por los inuit, los nativos de la región que durante 100 años contaron diversas narraciones sobre lo sucedido.
A lo largo de casi dos siglos fueron decenas las representaciones que se hicieron sobre lo ocurrido en el Ártico
Una de las más extendidas fue que tanto el Erebus y el Terror quedaron encallados en una de las zonas más sórdidas del Ártico: el Estrecho de Victoria, en Canadá. De haber quedado atrapados allí habrían muerto congelados en poco tiempo. Es que con la tecnología de la época era poco lo que podían hacer para ser rescatados. Y la comunicación con el almirantazgo se había cortado poco tiempo después de partir.
La zona del Estrecho de Victoria es la más fría de Canadá. Allí, cuando sol brilla con mayor potencia la temperatura trepa a… 10 grados centígrados bajo cero. A pesar de ser una de las teorías más extendidas, no es la oficial.
Otras historias ofrecen aspectos más escalofriantes sobre lo ocurrido. Según los relatos recogidos y extendidos por los esquimales inuit, los marineros habrían comenzado a asesinarse entre ellos. A decapitarse entre ellos para beber los líquidos de su cerebro y luego comérselos. Es que los hombres padecieron todo tipo de alucinaciones, espejismos que les provocaron desesperación.
Otras hipótesis son menos cruentas. Los marineros y sus capitanes habrían padecido patologías como el escorbuto, la tuberculosis, la falta de zinc, neumonía o la enfermedad de Addison. Esta enfermedad es una deficiencia hormonal causada por el daño de la glándula adrenal, lo que ocasiona una hipofunción corticosuprarrenal primaria. A todo esto se le sumaba el hambre, de acuerdo con el diario español ABC.
Pero también habrían muerto por envenenamiento. Es que las ocho mil latas de conserva que se fabricaron para alimentar a los marineros fueron hechas tan de prisa que hubo una falla fatal. "Se hicieron de una manera muy descuidada, haciendo que el plomo gotease en el interior de la lata como cera derretida". La explicación corresponde a Owen Beattie, profesor de Antropología de la Universidad de Alberta.
Imágenes de la serie “The Terror”, de AMC, que cuenta la historia de los 129 expedicionarios de los barcos Erebus y Terror
Pero además de las latas, también el agua que se conectaba entre ambos buques se contaminó con plomo, según descubrió el equipo liderado por Beattie y que se desplazó hacia la escena en 1981, donde fueron encontrados los restos humanos de los legendarios hombres de mar, protagonistas de leyendas de todo tipo.
Varios de los cadáveres aparecieron al lado de latas de comida sin tocar. Es que los tripulantes supieron que algo mal había dentro de ellas y prefirieron abandonar sus raciones y esperar a que alguien los rescatara en medio del frío Mar Ártico. "Preferían morir de hambre a tener que sufrir el dolor de comer comida envenenada", explicó la periodista Carmen Porter, del programa Cuarto Milenio y especialista en temas históricos.
La desesperación, la falta de comida y el envenenamiento llevaron a la locura a varios de ellos, de acuerdo con el relato de Porter reproducido por ABC. Fue así como uno de ellos "comenzó a asesinar a sus compañeros y a comer su carne".
En la primavera de 1848, el Gobierno británico envió las primeras expediciones para buscar a los tripulantes y las naves perdidas. Sin éxito. Dos años después encontrarían las tumbas de John Torrington, John Hartnell y William Braine. Un siglo después les realizarían la autopsia para saber qué había pasado con ellos: Torrington había perecido como consecuencia de una neumonía agravada por el plomo encontrado en sus pulmones.
Una escena de la serie “The Terror”, emitida por la cadena AMC
En 1854, John Rae encontró más cuerpos. Entre ellos, el del capitán del Terror, Crozier. Tuvo además contacto con los inuit. Le dijeron que unos cuarenta hombres demacrados habían sido vistos en un bote en el Río Back. "Se comían a los muertos", le aseguraron a Rae, según explicaría años después.
En abril de 1859, más evidencia. Reveladora. Escalofriante. Expedicionarios ingleses hallaron en un "altar" de piedras llamativo una nota. Llevaba la firma del capitán Crozier. Estaba fechado once años atrás: abril de 1848. Era lapidario y con un dejo de nostalgia. El comandante del Terror sabía que no lo lograrían. Contaba que Franklin había muerto el 11 de junio de 1847.
Unos 105 hombres que habían sobrevivido hasta esa fecha marchaban hacia el Río Back, el mismo que los esquimales le habían indicado a Rae tiempo antes. Pero con el tiempo ya todo fue en vano. Nadie sobreviviría. Y nadie hallaría jamás los restos ni de Fitzjames ni de la tripulación.
En 2014 y 2016 se hallaron los restos hundidos del Erebus y del Terror, respectivamente. Había indicios de que hubo incendios en la borda, pero intencionales. ¿Para qué crearon una fogata? ¿Con qué? ¿Con los cuerpos de quienes iban muriendo? El misterio se lo llevaron sus protagonistas a sus tumbas: bajo el helado mar, bajo una piedra en algún lugar remoto o en las profundidades del Río Back. Si es que alguna vez lo alcanzaron.
FUENTE: https://www.infobae.com
miércoles, 8 de mayo de 2019
Conoce la leyenda de los “129 fantasmas de hielo”, el relato que te congelará la sangre.
Una pintura que representa a las dos naves recorrer Nueva Zelanda. Es de las últimas impresiones que se tienen del Erebus y el Terror aún navegantes. Imagen: Wikicommons.
Esta historia comienza el 19 de mayo de 1845, cuando dos de los buques más temerarios y preparados de la Flotilla Real del Reino Unido emprendieron una misión especial. Se trataba de las embarcaciones RMS Erebus y RMS Terror, las cuales tenían como encargo encontrar un pasadizo en el Ártico capaz de unir Europa con Asia. Para lograrlo, tenían que tocar la parte más al norte de América, justo entre los océanos Atlántico y Pacífico. Dadas estas condiciones, se trataba de la expedición más compleja hasta la fecha. Con toda su experiencia a cuestas, marineros, oficiales y capitanes se despidieron de sus familias y seres queridos en el puerto de Greenhithe. Los líderes de la expedición eran el capitán John Franklin (a cargo de toda la tripulación, que alcanzaba los 126 miembros) y los comandantes James Fitzjames (cabeza del Erebus) y Francis Crozier (jefe del Terror). Franklin fue elegido como capitán de toda la travesía por su experiencia, ya que en dos ocasiones había intentado llegar al llamado “Paso del Noroeste”. Sin embargo, la tercera vez no salió para nada como lo esperaba. Y es que una vez emprendieron el viaje, jamás se volvió a saber nada de los capitanes ni de la tripulación: los 129 hombres a bordo de las naves desaparecieron sin dejar rastro. En derredor de su tragedia se construyeron, como era de esperarse, varias leyendas y mitos, muchos de los cuales pertenecen a la cultura inuit, es decir, a los nativos de la región polar a la cual se dirigieron Franklin, Fitzjames, Crozier y compañía. Una de las versiones tradicionales sostiene que ambos navíos quedaron encallados en una de las zonas más peligrosas no sólo del Ártico sino del mundo entero, el Estrecho de Victoria, ubicado en Canadá, dadas sus bajas temperaturas. Por ejemplo, cuando el sol está en su máximo esplendor, el termómetro marca 10 grados… pero bajo cero, con lo cual se puede inducir que, de haber quedado atrapados ahí, los 129 hombres murieron congelados.
Ahora bien, esto podría resultar una historia trágica más, sin embargo, los inuit han relatado los detalles al interior de las naves de generación en generación. Se dice que lo primero que ocurrió al quedar varados, fue que comenzaron a asesinarse entre ellos: tuvieron que decapitarse los unos a los otros para beber la sangre como un sustituto del agua, al tiempo que sus sesos y restos fueron consumidos como carne. A pesar de esta versión totalmente sanguinaria, expertos en el tema han dicho que pudieron morir también por muchas otras causas, como enfermedades y virus sin atender, así como por el envenenamiento que les pudo producir el mal empaque de los alimentos que llevaron consigo. Sin embargo, los inuit insisten en su historia, pues en 1981, un grupo de exploradores se dirigió a la escena y encontró varios restos humanos junto a lo que quedó de las embarcaciones. La aventura arrojó resultados increíbles: los cadáveres encontrados estaban junto a las latas de comida, pero estas no fueron abiertas en ningún momento, así que la hipótesis del envenenamiento puede descartarse en un amplio porcentaje de la tripulación. A pesar de la evidencia, los expertos señalan que justo la falta de alimentación fue la que pudo llevarlos a la locura, con lo cual comenzaron con los asesinatos y posterior canibalismo. Se sabe que cerca de 1850, el gobierno británico mandó expediciones para encontrar a los tripulantes de las naves. En los distintos viajes que se hicieron, se encontrarían tumbas y relatos de los inuit, quienes aseguraban haber visto a cerca de cuarenta hombres demacrados navegar en un bote por el Río Back. Los nativos de aquel entonces afirmaban lo que la leyenda cuenta hoy: que los sobrevivientes tenían por costumbre comerse a los cadáveres. Las últimas expediciones, realizadas en 2014 y 2016, encontraron los restos hundidos del Erebus y el Terror gracias a la tecnología moderna. Una de las cosas más escalofriantes fue descubrir que en la borda de los barcos hubo incendios intencionales, quizá fogatas. La pregunta es: ¿para qué generar fuego al frente de un barco? ¿Sólo para protegerse del frío o para cocinar los cuerpos muertos? Todo parece indicar que los “129 fantasmas de hielo” seguirán arrojando más y más misterio sobre su desaparición.
FUENTE: https://www.aztecaamerica.com
Esta historia comienza el 19 de mayo de 1845, cuando dos de los buques más temerarios y preparados de la Flotilla Real del Reino Unido emprendieron una misión especial. Se trataba de las embarcaciones RMS Erebus y RMS Terror, las cuales tenían como encargo encontrar un pasadizo en el Ártico capaz de unir Europa con Asia. Para lograrlo, tenían que tocar la parte más al norte de América, justo entre los océanos Atlántico y Pacífico. Dadas estas condiciones, se trataba de la expedición más compleja hasta la fecha. Con toda su experiencia a cuestas, marineros, oficiales y capitanes se despidieron de sus familias y seres queridos en el puerto de Greenhithe. Los líderes de la expedición eran el capitán John Franklin (a cargo de toda la tripulación, que alcanzaba los 126 miembros) y los comandantes James Fitzjames (cabeza del Erebus) y Francis Crozier (jefe del Terror). Franklin fue elegido como capitán de toda la travesía por su experiencia, ya que en dos ocasiones había intentado llegar al llamado “Paso del Noroeste”. Sin embargo, la tercera vez no salió para nada como lo esperaba. Y es que una vez emprendieron el viaje, jamás se volvió a saber nada de los capitanes ni de la tripulación: los 129 hombres a bordo de las naves desaparecieron sin dejar rastro. En derredor de su tragedia se construyeron, como era de esperarse, varias leyendas y mitos, muchos de los cuales pertenecen a la cultura inuit, es decir, a los nativos de la región polar a la cual se dirigieron Franklin, Fitzjames, Crozier y compañía. Una de las versiones tradicionales sostiene que ambos navíos quedaron encallados en una de las zonas más peligrosas no sólo del Ártico sino del mundo entero, el Estrecho de Victoria, ubicado en Canadá, dadas sus bajas temperaturas. Por ejemplo, cuando el sol está en su máximo esplendor, el termómetro marca 10 grados… pero bajo cero, con lo cual se puede inducir que, de haber quedado atrapados ahí, los 129 hombres murieron congelados.
Ahora bien, esto podría resultar una historia trágica más, sin embargo, los inuit han relatado los detalles al interior de las naves de generación en generación. Se dice que lo primero que ocurrió al quedar varados, fue que comenzaron a asesinarse entre ellos: tuvieron que decapitarse los unos a los otros para beber la sangre como un sustituto del agua, al tiempo que sus sesos y restos fueron consumidos como carne. A pesar de esta versión totalmente sanguinaria, expertos en el tema han dicho que pudieron morir también por muchas otras causas, como enfermedades y virus sin atender, así como por el envenenamiento que les pudo producir el mal empaque de los alimentos que llevaron consigo. Sin embargo, los inuit insisten en su historia, pues en 1981, un grupo de exploradores se dirigió a la escena y encontró varios restos humanos junto a lo que quedó de las embarcaciones. La aventura arrojó resultados increíbles: los cadáveres encontrados estaban junto a las latas de comida, pero estas no fueron abiertas en ningún momento, así que la hipótesis del envenenamiento puede descartarse en un amplio porcentaje de la tripulación. A pesar de la evidencia, los expertos señalan que justo la falta de alimentación fue la que pudo llevarlos a la locura, con lo cual comenzaron con los asesinatos y posterior canibalismo. Se sabe que cerca de 1850, el gobierno británico mandó expediciones para encontrar a los tripulantes de las naves. En los distintos viajes que se hicieron, se encontrarían tumbas y relatos de los inuit, quienes aseguraban haber visto a cerca de cuarenta hombres demacrados navegar en un bote por el Río Back. Los nativos de aquel entonces afirmaban lo que la leyenda cuenta hoy: que los sobrevivientes tenían por costumbre comerse a los cadáveres. Las últimas expediciones, realizadas en 2014 y 2016, encontraron los restos hundidos del Erebus y el Terror gracias a la tecnología moderna. Una de las cosas más escalofriantes fue descubrir que en la borda de los barcos hubo incendios intencionales, quizá fogatas. La pregunta es: ¿para qué generar fuego al frente de un barco? ¿Sólo para protegerse del frío o para cocinar los cuerpos muertos? Todo parece indicar que los “129 fantasmas de hielo” seguirán arrojando más y más misterio sobre su desaparición.
FUENTE: https://www.aztecaamerica.com
martes, 7 de mayo de 2019
Leyendas, mitos e historias sobre fantasmas, espíritus y brujas en la ciudad de Nápoles.
El mito y la leyenda siempre han cubierto Nápoles y la historia de la ciudad es rica en secretos, historias de fantasmas, espíritus benévolos o fantasmas malvados que incluso hoy son parte de las creencias de los ciudadanos. La historia de la fundación de la ciudad tiene sus raíces en una de las leyendas más famosas, la de Sirena Partenope, hasta tal punto que uno de los adjetivos para identificar a los ciudadanos sigue siendo el napolitano.
entre Munaciello, Bella 'Mbriana, el huevo mágico de Castel dell'Ovo, los fantasmas en los palacios y en las fortalezas y las brujas, hay muchas historias que se transmiten de muchas generaciones y que hacen de Nápoles una ciudad llena de misterio.
Leyendas de Partenope
Ellos son dos de las leyendas más famosas en la figura de Partenope, considerado el fundador de Nápoles. La primera deriva de la Odisea de Homero, en la cual se dice que Ulises fue el único que no sufrió los efectos del canto melodioso de las tres sirenas, lo que provocó que se suicidaran. El cuerpo de uno de los tres, Partenope, fue arrastrado a laislote de Megaride, donde hoy se encuentra el Castel dell'Ovo, y luego se disuelve, y de acuerdo con el mito se transformó en el paisaje actual de la ciudad.
La segunda versión dice que Partenope era una chica griega enamorada de Cimone cuyo amor fue opuesto por su padre. Los dos decidieron huir, llegando a las costas napolitanas, y allí la mujer comenzó a ser aclamada por los ciudadanos porque en su camino la tierra se hizo cada vez más fértil.
La Bella 'Mbriana
La Bella 'Mbriana es uno espíritu benevolente quien vive en las casas de los napolitanos trayendo su fortuna y vive con el Munaciello, del cual es antagonista. Su apariencia no se conoce precisamente porque aparece de paso durante las horas más brillantes o al principio de la tarde y cuando se ve. mágicamente se convierte en un gecko, animal considerado afortunado. Según la leyenda, Bella 'Mbriana era una bella princesa que perdió su amor y, sola y desesperada, comenzó a vagar por la ciudad. El rey, su padre, le pidió a sus súbditos que abrieran las puertas de sus casas para darle la bienvenida. Es por eso que se considera el espíritu proteger la casa.
'O Munaciello
El Munaciello es uno espíritu rencoroso quien vive en casas, puede traer tanto suerte como infortunio y usa el hábito de un monje que oculta sus feos rasgos. Según Matilde Serao fue un personaje real, es decir, el hijo deforme de Catalina Frezza, rica mujer que se enamoró de un muchacho contra de los deseos de su padre y por esta razón tenían un hijo horribles de aspecto. Según la leyenda, sin embargo, era un gerente de pozos de agua que él entró a las casas desde los canales de drenaje robar objetos preciosos La gente lo atribuye poderes mágicos y lo culpa por los incidentes desagradables, pero también lo considera benévolo porque a menudo dejar monedas en lugares ocultos de la casa.
La leyenda de Castel dell'Ovo
El Castel dell'Ovo en el paseo marítimo de Nápoles debe su nombre a una antigua leyenda que involucra Virgilio. El poeta latino, también considerado un mago en la Edad Media, habría escondido uno huevo mágico en las mazmorras del castillo para asegurarse de que nunca se colapsó. De hecho, su eventual ruptura lo provocaría destrucción de la fortaleza y de toda la ciudad El huevo nunca se ha encontrado, pero se dice que está en un recipiente de agua en una jaula de hierro que cuelga de una viga de roble en una habitación subterránea. En el siglo XVI, el colapso del arco hizo que el pánico se extendiera entre los habitantes y la Reina Joan I se viera obligada a jurar haber reemplazado el huevo.
Fantasmas de Castel Sant'Elmo
Según una antigua leyenda, en Castel Sant'Elmo al Vomero vago a fantasma vestido de blanco que le gusta asustar Alguien se acerca. De hecho, es muy juguetón y también le gusta dejar las paredes para traer un poco de terror. El castillo está vinculado a otra leyenda relacionada con el grita que algunos dicen que escuchan de las mazmorras. De hecho, al final del primer tramo de la escala Pedamentina hay una puerta de la que los guardias reales mataron a los enemigos y tiraron los cuerpos en las mazmorras para conseguir que por comer ratones o incluso por los habitantes de la ciudad. Los gritos serían las quejas de estas víctimas.
Mito de Posillipo y Nisida
De acuerdo con un antiguo mito, Posillipo era un joven elegante y bromista, con un corazón muy sensible, que se enamoró de una mujer hermosa llamada Nisida. La niña, aunque muy encantadora, tenía un alma fría y un corazón de piedra, era una hechicera, pero una niña malvada. El niño, sufriendo por el amor que no podía tener, no resistió el dolor y decidió suicidarse en el mar. Los dioses decidieron transformarlo en la isla actual, mientras que Posillipo se transformó en la colina que se encuentra frente a él. Para ellos, Nisida alberga "asesinatos y ladrones" (hoy hay una prisión juvenil), mientras que la colina Posillipo atrae a todos por su belleza.
Cocodrilo con el Maschio Angioino
Una leyenda, narrada por Croce y Dumas, habla de la presencia de un cocodrilo voraz en uno de los pozos del Maschio Angioino. Solía encerrar a los prisioneros para ser castigados más rígidamente, se convirtió en un lugar misterioso porque desaparecieron sin motivo aparente hasta que se descubrió la presencia del animal. Se dice que vino a Nápoles desde Egipto con la reina Joanna II, quien lo estaba explotando por dárselo a los amantes que él quería eliminar Desde entonces, se utilizó para hacer desaparecer a las personas más incómodas en el reino, pero fue Ferrante d'Aragona quien lo mató sofocándolo con un muslo de caballo.
Leyenda en el Palazzo della Gaiola
La Villa en el islote de Gaiola se considera una lugar de mala suerte De hecho, en las últimas décadas se han producido varias desgracias a sus dueños, incluso la muerte. Entre los más conocidos, Gianni Agnelli que sufrió la muerte de muchos miembros de la familia, y Paul Getty cuyo sobrino fue secuestrado por 'Ndragnheta. En la base habría una historia sobre los primeros compradores, una mujer inglesa y su noble esposo que se enamoró de su cuñada. La esposa, sintiéndose traicionada, comenzó a acusar ferozmente a su hermana, hiriéndola de tal manera que la joven se quitó la vida. El hombre del dolor se pegó un tiro, mientras que su esposa se volvió loca y por esta razón la Villa estaría rodeada de desgracia (Mala suerte).
Espíritus de Palazzo Donn'Anna
El palacio de Posillipo llamada Donna Anna Carafa, sobrino de Luigi Carafa de Stigliano, que compró la propiedad en 1571. Se dice que durante una de las magníficas recepciones que Donna Anna amaba regalar a Palazzo, sorprendió a su amante Gaetano di Casapesenne al besar a la joven Donna Mercedes de las Torres. En los días siguientes, Donna Mercedes desapareció y se supuso que Donna Anna había envenenado su alma, dejando al pobre Gaetano desesperado por su búsqueda vana. Desde entonces, según la leyenda, los tres espíritus vagan en el Palacio y lo harán por siempre.
La bruja del Vesubio
La historia sobre la presencia de una bruja en el Vesubio es relatada por el 1858, cuando había una fuerte erupción del volcán que causó la fuga de una gran cantidad de magma. A partir de ese momento, uno comenzó a escuchar una noche gritando escalofriante eso hizo que los locales creyeran que alguien estaba sufriendo terriblemente. Después de innumerables e inútiles patrullas, los ciudadanos decidieron recurrir a un hechicero local para descubrir el misterio. "'A vecchia' e Mattavona", este es su nombre, logró silenciar los gritos al pronunciar palabras mágicas incomprensibles.
La Janara
Janara sería uno bruja malvada cuya leyenda nació en Benevento, y pronto se extendió a Nápoles. Se considera el hija de SatanásPor esta razón, Dios la habría hecho estéril y ella, frustrada y envidiosa, recorre las casas de la ciudad en busca de niños. Él conoce el ocultismo y puede hacer ritos de magia negra, mal de ojo y billetes. De acuerdo con el mito se puede ver de noche y si eres bueno capturándolo agarrándolo de tu cabello, puedes neutralizarlo. Esto siempre que responda correctamente a su pregunta "¿Qué tiene en la mano?", Diciendo "Hierro y acero" y no "pelo". Si lo captura cuando no ha adquirido una forma de cuerpo, recibirá protección para las generaciones de 7.
FUENTE: https://es.napolike.com
lunes, 6 de mayo de 2019
Fantasmas, mitos y leyendas que habitan los túneles de los subtes.
Entre los secretos y misterios que guardan los túneles del subte, los fantasmas son los protagonistas que viajan y recorren con nosotros las entrañas de la Ciudad.
LA CARTA. Estaba sola en la estación Malabia, subte de la línea B de la Ciudad de Buenos Aires. Miraba los dibujos del andén que tenía enfrente. Un mural oscuro, de criaturas como serpientes, un valle de muerte y una montaña de calaveras y huesos. Siempre me gustó mirar con atención esos 15 metros de pintura subterránea. Al recorrer con la vista el mural, era imposible no terminar en la profundidad del túnel, jugando a mirar hasta dónde se ven las luces. Sólo los primeros tramos están iluminados. Observaba hasta que no había luz y volvía la mirada por las vías del subte, haciendo equilibrio con las pupilas que se ajustaban a la diferente iluminación. La mayoría de los suicidios en la Capital se dan en las vías subterráneas. De éstos, la mitad del total contado eligen las líneas E, D y A; el 50% restante suceden en la línea B. En el 80% de los casos, en la estación Malabia. ¿Por qué? Antiguamente, esta línea sólo llegaba hasta la estación Federico Lacroze. Fue luego de su extensión hasta Juan Manuel de Rosas, que los aspirantes a muertos se empezaron a postular, llamados tal vez por las almas a las que le interrumpieron su descanso. Para empezar la construcción tuvieron que remover cuerpos del cementerio de Chacarita para usar parte del terreno. Los pusieron en fosas comunes, y continuaron la ampliación.
En los talleres de la línea B, se cuenta la historia de la señora. Una mujer que deambula por los baños y otros sectores. Me dijeron los talleristas que, siempre que la ven, alguien aparece muerto: usuarios, compañeros o algún indigente de los que duermen en las inmediaciones de la línea. El dato triste es que a ellos nadie los reclama.
Tuve la oportunidad de hablar con José, un trabajador de las líneas subterráneas. “En más de una ocasión, los subtes deben frenar su recorrido por ver sombras que se cruzan por los túneles. Por precaución, hay que frenar la unidad, pero más de uno sabe que sólo son fantasmas. Ahí empiezan los altavoces mencionando las demoras”. ¿Y esa historia de la señora, qué es?, le pregunto. -“ Eso, historias, que la gente se inventa para no ver la realidad. Se habla de dos mujeres: la novia y la viuda. Son cuentos de los talleristas que van de boca en boca, pero nadie sabe bien si son diferentes o es la misma mujer. Una joven que la obligaron a casarse, cumplió el mandato y después se mató. Como por el año treinta o cuarenta se tiró un viejo de sesenta años, que dicen que tampoco encuentra descanso. El subte era algo muy nuevo en esa época. Yo paso muchas horas acá abajo”. ¿Y usted vio algo, José?, insisto. -“A veces se ven sombras, pero quiero pensar que son ratas. Ratas grandes y gordas, tal vez dos o tres ratas grandes y gordas y nada más. Por las dudas miro fijo a lo lejos, uno no quiere creer, pero que las hay, las hay”. ¿Y él quién es?, pregunté señalando a un tipo que caminaba solo con una linterna hacia la profundidad del túnel. -“Es Alberto, hace treinta años que trabaja acá. Se encarga de recorrer desde las once hasta las cinco de la mañana, los túneles. Está loco el viejo… y le gusta. Él dice que, si lo hace solo, mejor. Nosotros lo gastamos con que va a ver a la novia”. Gracias José, fue muy amable.
Los fantasmas viajan ligero en los 11,8 kilómetros de túnel que la línea B. Tal vez unos nacen para seguir; otros para quedarse en el camino y otros para admirar la aventura a la que nos sometemos voluntariamente todos los días. Esta aventura que hoy me encuentra en la cotidianidad de mi rutina, esperando el demorado subte B.
Julieta Destefani
julidestefani1@gmail.com
EL COMENTARIO DEL EDITOR
Por César Dossi
Una visita al inframundo porteño
Si hablamos de historias de encuentros y desencuentros y crónicas de la vida cotidiana, bien podríamos adosarle al subterráneo de la Ciudad de Buenos Aires los misterios y secretos que guarda y que recorren sus sombrías entrañas.
La primera etapa del proyecto de la línea B, fue inaugurada el 17 de octubre de 1930. Iba desde la avenida Federico Lacroze hasta Callao. Un mes antes, el golpe de Estado derrocaba a Hipólito Yrigoyen, y se hacía paso la década infame. Muchos años más tarde vinieron los cambios en el subte que ya todos conocemos y que despiertan en los pasajeros amores y odios. En voz baja, se cuentan historias y mitos que viajan por los rieles siempre chirriantes. El protagonista de la línea A, la más vieja de Buenos Aires, es “el degollado de la estación Sáenz Peña”, y con el de la línea B, “el fantasma de la viuda” en los Talleres de Rancagua, son los más emparentados con las leyendas urbanas. Después, cada uno descubrirá algunas más entre las sombras místicas.
En octubre, la línea B cumplirá 90 años, con 340.000 usuarios por día, es la que más pasajeros transporta, y allí se reunirán para el festejo todos aquellos espectros que habitan el inframundo porteño.
FUENTE: https://www.clarin.com
viernes, 3 de mayo de 2019
Panteón Yáñez: conoce sus historias más populares.
Alberto Maytorena
Un panteón no se consideraría como tal, si no tuviera una serie de mitos y leyendas que gravitaran en torno a sí y despertaran tanto la curiosidad como el miedo de quienes van a visitarlo; el Panteón Yáñez no es distinto.
Este camposanto tiene motivos sólidos para ser considerado una fábrica de leyendas populares y no sólo por sus residentes, como cualquier persona podría pensar; partiendo de su fundación, lahistoria del panteón es fascinante.
En un principio, el panteón se creó para darles asilo a los difuntos del antiguo cementerio ubicado en el Jardín Juárez, así como de Villa de Seris y El Ranchito, por lo que esta surte deantología de osamentas alimenta la creencia de que hay algo mágico que ocurre en el lugar.
Por casi un siglo, el Panteón Yáñez ha añadido a sus filas a personajes que no sólo relatan a través de su fallecimiento aspectos de la historia del estado, sino también enriquecen la mitología hermosillense y sus cuentos populares.
He aquí algunas de los relatos más emblemáticos en torno a los habitantes del histórico camposanto, mismos que han persistido hasta la actualidad y han nutrido el imaginario hermosillense.
Niño Carlitos
Afligido por su mala suerte, un hombre decidió al panteón a respirar un poco de tranquilidad y apartarse por un momento de la creciente pila de problemas cuando vio la tumba de un niño. Sea Por desesperación o por genuina fe en que la precipitada muerte del menor le podría ofrecer un vínculo con fuerzas celestiales,el hombre dejó una carta con sus anhelos en la tumba y se marchó.
A los días ese individuo obtuvo la oportunidad que estabas esperando y sus problemas se solucionaron, por lo que se encargó de pregonar aquella proeza que desafiaba toda lógica, pronto las propiedades sobrenaturales de la sepultura se esparcieron de boca en boca y así fue como nació la leyenda del niño “Carlitos”,el infante que concede milagros.
De acuerdo al relato popular, “Carlitos” era un niño de 11años ordinario y enérgico que gustaba de jugar en todo lugar que le permitiera correr o usar su patín, sin embargo, sea por una imprudencia o por descuido familiar, el menor no supuso que correría peligro en los pasillos del Mercado Municipal.
El jovencito chocó contra unas cajas de tomates, mismas que cayeron encima de él, aunque las personas se dieron prisa en ayudar a “Carlitos”, poco había por hacer, el intenso golpe le provocó una muerte instantánea. Fue enterrado en el “panteón nuevo”, en las primeras hileras de éste, donde se encontraban todos los niños. Corría el mes de enero de 1940.
Desde el momento en que se esparció el rumor de un niño milagroso que residía en el Panteón Yáñez, la gente, motivada por recibir alguna condonación divina u obtener un favor de fuerzas superiores, acuden a la sepultura de “Carlitos” y dejan juguetes o golosinas junto con su petición, misma que se guarda en un baúl.
Últimos Fusilados
Un par de cruces rojas resaltan entre la multitud de símbolos blancos que se desprenden de las sepulturas del panteón, cerca de ellas, en un muro, se puede apreciar la leyenda “Sátiros PUM1957”, misma que se cierne sobre el origen de estas tumbas como un fúnebre recordatorio de los restos mortales que se encuentran bajo tierra.
Los sepulcros pertenecen a José Rosario Don Juan Zamarripa Francisco Ruiz Corrales, los últimos hombres fusilados en Sonora Bajo los cargos de la violación y asesinato de dos niñas en hechos distintos, mismos que vieron sus últimos días en la antigua penitenciaría del Estado, hoy Museo Regional de Sonora.
El crimen de Ruiz Corrales fue llamado en Sonora como el caso de“La Niña de los Tomates”, al tratarse de una menor de 9 años de edad quien fuera la víctima del individuo, hecho que serviría de inspiración para el libro homónimo de Sergio Valenzuela Calderón, publicado en 2007.
Don Juan Zamarripa hurtó a una bebé de apenas tres meses, con la cual consumó el ilícito, sin embargo fue identificado por testigos y, al verse acorralado, no tuvo remedio que asumir la responsabilidad de su abominable crimen.
Estos hechos tuvieron un profundo impacto en la sociedad sonorense, la cual, perturbada por la sola existencia de individuos como ellos, pidió que se les castigara con la pena máxima y, en el patio de la otrora cárcel, la justicia llegó a los dos hombresa manera de balas disparadas por un pelotón.
La tumba Nazi
La llamada “tumba nazi” que se encuentra en el Panteón Yáñez ha sido motivo de todo tipo de rumores y teorías de conspiración desde el primer avistamiento de las esvásticas,mismas que utilizaban los militantes del Tercer Reich, lo cual levantan la sospecha de la identidad y afiliación política de las personas enterradas bajo semejante monumento.
La historia en torno a este sepulcro gira en torno al personaje de Julián Jacob, un migrante judío que desembarcó en Nayarit Junto a su bella esposa alemana, quien adoptó la identidad al llegar al país por la de “Severiana Álvarez de Jacob”, nombre que aparece en la tumba.
La pareja llegó a Sonora y Jacob decidió emplearse como peluquero y comerciante, sin embargo, de acuerdo con el testimonio de familiares de este personaje, el hombre albergaba un profundo sentimiento anti-yankee en su interior y, aunque el fervor por el país anglosajón común entre la población mexicana, Jacob Despreciaba la idealización estadounidense.
Por ello, el comerciante se reunía secretamente con personas afines a esta forma de pensar que adoptaron la esvástica como símbolo, pues en diversas religiones, particularmente hindúes, la cual es un símbolo de paz, prosperidad y continuidad.
Cuando Severiana murió, en agradecimiento por el amor y los hijos que le dio a Jacob, éste se dio a la tarea de decorar el pequeño mausoleo con dichos símbolos que había usado como señal de rebeldía, sin relación alguna con la ideología nacionalsocialista germánica.
No obstante, la tumba y su difunta han sido motivo de numerosas especulaciones, entre ellas que Severiana se trataba de una espía prófuga nazi que escapó al final de la Segunda Guerra Mundial una vez que las fuerzas aliadas ocuparon Berlín.
Los nuevos mitos
Por su naturaleza, los panteones son una fábrica ilimitada de historias que sólo aumentan conforme pasa el tiempo, algunas de ellas trascienden y perduran en la mitología de la comunidad,otras quedan dispersas, desvaneciéndose en el tiempo.
El Sol de Hermosillo se dio a la tarea de encontrar uno de los mitos prácticamente desconocidos que se han generado en épocas recientes sobre este recinto sagrado.
La belleza calcinada
El joven Apolo, quien decidió ser nombrado así por pena a ser vinculado con supersticiones, relató la historia que le contó su padre una vez sobre su encuentro sobrenatural con una mujer en las entrañas del Panteón Yáñez durante los ochenta.
Eran minutos después de la media noche y el padre de Apolo Tenía que llegar a su casa. Había bebido con unos amigos en una casa de la colonia Modelo y, para cortar camino, decidió pasar por el panteón de noche.
“A mi papá no le espantaban los panteones, de hecho me decía‘¿A qué le voy a tener miedo si todos ya están muertos? ¡A Mí me dan miedo los vivos!’, pero esa noche había salido a beber con unos amigos y eso siempre lo ponía más sensible”,comentó.
Al llegar a la mitad del recinto, el padre de Apolo vio a alguien deambular por el lugar, por la tenue iluminación pudo reconocer el cuerpo de una mujer; al acercarse más pudo constatar que en efecto se trataba de una, por su aspecto parecía de 25 a 30 años.
El hombre se quedó pasmado mirándola, pues aquella mujer era particularmente guapa: su tez era pálida, pero en sus mejillas se alcanzaba a ver un rubor tierno, además su cabello azabache era corto con puntas onduladas. Usaba un vestido casual liso y unas zapatillas.
Sin poder contener el impulso de hablarle, el padre de Apolo se le acercó con curiosidad, pues no era frecuente ver una mujer como ella a deshoras en un cementerio. De pronto su olfato quedó embriagado con el olor dulzón a quemado y, mientras más se acercaba a la mujer, el olor se volvía más penetrante yodioso.
En cierto momento, la fémina, quien hasta ese momento había permanecido de perfil, mirando hacia la nada, volteó a ver al padre de Apolo y el terror se apoderó inmediatamente de él.Mientras la mitad de la mujer deslumbraba por su belleza, la otra era una un montón de carne derretida que aún parecía estar enlas brasas.
“Entonces esa cosa se acercó a mi papá, quien estaba al borde de un ataque, y le dijo con una voz tan clara y dulce que le revolvió el estómago ‘¿Soy bonita?’, después de eso mi papá corrió hasta la entrada de donde entró sin mirar atrás”,contó Apolo.
El padre del narrador prefirió no volver a buscar información sobre aquella mujer, pues temía que con buscar su identidad aquella mujer o monstruo o fantasma, volviera salir para atormentarlo. Esa fue la última vez que el hombre puso un pie solo en el Panteón Yáñez.
FUENTE: https://www.elsoldehermosillo.com.mx
jueves, 2 de mayo de 2019
“El Niño de los Juguetes”, devoción en el cementerio de Juárez Celman.
La tumba de un niño atrae a personas de todo el país. Afirman que allí pasan cosas extrañas por las noches. El relato del cuidador y la fama del lugar.
La historia se esparce y gira alrededor de la tumba donde descansa un bebé que nació muerto y al que se lo venera como a un santo milagroso en un cementerio enclavado en una llanura, casi en el medio de la nada, pero donde, según dicen, pasa de todo.
El panteón está en Estación Juárez Celman, una localidad cordobesa ubicada a pocos kilómetros de la capital provincial.
Los devotos llegan allí desde diversos puntos del país. Vienen cargados de juguetes que dejan en canastos junto a una oración o una carta en la que suplican ayuda al niño que está allí enterrado.
Los relatos de milagros cumplidos se entrecruzan con las versiones de los que aseguran que allí, por las noches, pasan cosas extrañas. El cuidador del cementerio también las percibe de día, pero no le quitan la tranquilidad ni el sueño: las vive como parte de su trabajo.
Relatos y misterio
Los cultores de la extraña devoción aseguran que en las madrugadas el niño se despierta y juega con sus juguetes, desparramándolos por todas las tumbas del cementerio, hasta que se agota y vuelve a dormir. “A veces, si le gustan las ofrendas y la persona que las hizo, intercede para que se obre el milagro que le pidieron”, afirman.
Vecinos de Estación Juárez Celman agregan que, a veces, pasada la medianoche, se escucha un llanto fuerte que se repite en el silencio de la llanura.
Hay quienes sostienen que es la queja del niño cuando descubre que le han robado un juguete. Los lugareños advierten a los visitantes que no es buena idea llevarse una de esas ofrendas. No obstante, muchas familias llevan a sus hijos al cementerio y no tienen problemas en dejarlos entretenerse con esos juguetes.
Un escenario de película
La calle rural que lleva al cementerio de Estación Juárez Celman es una línea recta y desolada que, después de pasar por un bosque de eucaliptos, muestra a los costados del camino un paisaje seco y atractivo.
Es una llanura ocre y sin sembrar que se extiende hasta el horizonte como un desierto, apenas interrumpido por las tapias que enmarcan la necrópolis y las puntas de los pinos de la entrada, donde un portón negro da la bienvenida a los visitantes y devotos que llegan con juguetes de plástico y angelitos de porcelana para ofrendar. Con ellos viene también la esperanza de que se les conceda un milagro.
El cuidador del cementerio y la admiración de los devotos
Luciano Giménez es el cuidador del cementerio, una tarea que realiza con respeto y dedicación desde hace ya 26 años. Por la mañana, después de abrir las dos alas del portón de hierro, suele dedicar un momento para acomodar los juguetes desparramados en las distintas tumbas del área de los niños. Después, arregla los canteros y poda la vegetación de un jardín sencillo pero prolijo y pintoresco.
La calma del lugar se armoniza con el carácter tranquilo de Luciano, quien asegura no creer en historias de fantasmas, aunque las respeta. “Soy realista, no he escuchado ni visto nada”, afirma.
La tumba del niño está pintada de blanco, rodeada de juguetes que desbordan los cuatros canastos colocados para tal fin. Completan la inusual ornamentación unos zócalos con flores amarillas y una capillita donde se ve una carta y la foto del bebé desteñida por el agua de las lluvias.
Luciano confiesa que le despierta admiración y curiosidad la devoción de las personas que viajan desde tan lejos para acercarle un regalo al niño.
“La gente venía y visitaba esta tumbita, algunos con regalitos. El niño es de la zona de Guiñazú. Empecé a interiorizarme y me contestaron que a cambio de algunos favores le traían juguetes, como peticiones que la gente le hacía”, relató a Cadena 3 el cuidador.
“Antes, los juguetes vivían desparramados por todo el cementerio. Por eso la gente decía que el niño jugaba, pero en un día como hoy, con este viento, todo es posible. No sé, también dicen que de noche se escucha el llanto del niño y que juega con los juguetes pero yo no sé. No me quedo de noche”, agregó.
“Sensaciones” e incertidumbre
Para Luciano, las historias de fantasmas vienen de afuera del cementerio, pero se cuida de excederse en mostrar su opinión. Su prudencia y humor realista parecen necesarios para llegar a 26 años en el puesto de cuidador de un cementerio.
En sus años trabajando allí, Luciano asegura que no tuvo experiencias como las que cuentan. Sin embargo, habla de algo que él mismo llama como “sensaciones”.
“Lo que yo he sentido son sensaciones. Algunas que no puedo explicar. Una vez estaba arrodillado pintando una tumba y sentí que, detrás mio, pasó alguien caminando. Me dí vuelta y nada. Esas cosas son normales acá”, manifestó.
El cementerio de Estación Juárez cierra todos los días a las seis de la tarde. Después de esa hora, lo que allí sucede vive y crece en historias que llegan cada vez más lejos.
FUENTE: https://radiojesusmaria.com.ar
miércoles, 1 de mayo de 2019
¡Niño fantasma se aparece en cementerio!
El extraño hecho quedó registrado en una fotografía, vecinos del cementerio señalan que a menudo se aparece.
La foto fue tomada en el interior del cementerio, en ella se observan dos figuras, la de un niño de aproximadamente 5 años de edad que viste una playera a rayas horizontales, un pantalón oscuro y unos zapatos o tenis de color claro.
Se aprecia que el niño tiene cabello de color oscuro y se encuentra viendo hacia el frente.
Detrás de el está otra figura de lo que parece ser un hombre corpulento que lo cuida.
Los lugareños dicen que es el fantasma de un niño que busca a sus padres desesperadamente.
Aseguran que se aparece a la media noche.
El caso ha despertado la curiosidad de las autoridades policiales de Jesús María, quienes están investigando la posibilidad de que haya un niño extraviado con esas características.
Lo increíblemente penoso del asunto, es que la policía no se explica que tiene que andar haciendo un niño en un cementerio a tales horas de la noche.
Suponen que si fuera un niño de verdad, simplemente no entraría ahí.
Entre tanto, los policías se niegan a hacer la guardia nocturna en el interior del panteón, porque tienen miedo de que el niño se les aparezca.
FUENTE: https://www.debate.com.mx
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